Siempre es agradable coger la pluma y empezar a plasmar ideas o reflexiones en un papel, pero en estos días en lo que la mayoría de artículos de opinión y notas de prensa, van encaminadas a ensalzar actuaciones, publicar éxitos, denunciar fracasos y defender ideas y programas, con la mirada puesta en el éxito en las elecciones a la próxima legislatura municipal; hasta puede ser refrescante hacer un pequeño ejercicio de libertad neutral e independiente de una persona que, como muchas otras hoy, camina bajo el paraguas en la ciudad mojada primaveral.

Vaya además por delante mi respeto a los contendientes y candidatos con los que me une una magnifica relación, quienes además apoyan y colaboran de forma notable con la Institución que represento; los cuales así mismo, merecen la mejor de las suertes por su ilusión, dedicación y voluntad de servicio a la colectividad desde los órganos de decisión política.

A mí, hoy me satisface afirmar que, a pesar del frenesí de la sociedad actual y de las dificultades económicas y laborales de la gente; cada vez va en aumento el número de personas que se suman al voluntariado de Cruz Roja, vamos creciendo en nuestro colectivo de socios ayudados lógicamente por campañas de sensibilización y, pocas puertas se nos cierran cuando informamos de nuestros programas de ayuda a los sectores desfavorecidos.

Hace poco presentamos nuestro programa de seguimiento y control por tecnología satélite, de afectados de Alzheimer y enfermedades seniles, para su localización por parte de familiares o de la propia Cruz Roja.

Tanta está siendo la demanda del servicio, que la propia lentitud en la organización por nuestra parte, nos está incapacitando para dar una adecuada respuesta y, como siempre suele pasar, seremos adelantados por empresas privadas con ánimo de lucro que, por otra parte están en su derecho en un mercado libre de competencia.

Creo que de una forma constante y silenciosa, van despertando las sensibilidades y nos damos cuenta que en el hecho solidario y en la ayuda voluntaria se encuentra la verdadera riqueza del ser humano. Vivimos en un mundo violento en el que las tensiones y ambiciones sin escrúpulos, provocan enfrentamientos raciales, étnicos, religiosos o políticos; pero nuestra sangre es igual de roja, todos lloramos igual, nuestro ciclo vital es el mismo y el corazón late a idéntico ritmo.

En pocos años, el mestizaje físico y cultural será una realidad, se uniformizaran los colores de la piel y los rasgos, la evolución de la cultura probablemente elimine los fundamentalismos religiosos y la constatación de la estupidez e ineficacia de algunos iluminados destruirá definitivamente el extremismo político.

Y entonces pensaremos en común que una ligera alteración del equilibrio planetario en cuanto a temperaturas o constitución de la tierra que nos ampara, puede acabar con nosotros en un suspiro, que lo material se funde fácilmente y que los únicos valores que son realmente nuestros son los de la solidaridad humana, la convivencia y el movimiento voluntario.

Estamos pues condenados a entendernos, a vivir de la tierra y bajo el sol y a aprender a utilizar los foros solidarios internacionales, que como Cruz Roja y otras organizaciones, acogen y canalizan precisamente los movimientos y voluntades de ayuda a los desfavorecidos. Ese es sin duda nuestro futuro y esa es precisamente nuestra carta de presentación.

Todavía somos pocos los que dedicamos un aparte de nuestro tiempo para mejorar las condiciones de aquellos que no han tenido nuestra misma suerte, pero sin embargo nadie nos da la espalda de forma consciente y cada vez son más, los amigos y/o familiares que me piden cómo, dónde y de que manera podrían colaborar en programas. Hay por supuesto también verdaderos héroes del amor, y voy a citar aquí a Rafael Celas y su Fundación Anidan en Lamu (Kenya) con su acogida, protección y salvaguarda de niños y niñas condenados inevitablemente a muerte; o a nuestro empresario y amigo Angel Pujol con sus programas de ayuda infantil y construcción de embalses de regadío en Etiopía para la fundación del padre Angel Olaran.

Y como ellos, muchos más, que dejándolo todo o dedicando su tiempo libre y recursos, se han comprometido intima y personalmente con el amor y la paz. Sin hacer ruido ni propaganda, están ofreciendo su sacrificio por los demás, contribuyendo quizás así, sobre el terreno y piel con piel, a hacer feliz a la gente que con poco se conforma. Quizás sea una forma más eficaz que algunas pomposas declaraciones de apoyo y ayuda oficial.

Ojalá que vayamos sensibilizando a personas, colectivos y empresas para que; siguiendo el ejemplo de esos seres humanos extraordinarios, descubran que la mejor inversión es hacer feliz a un niño y la mayor rentabilidad la ofrece el brillo de unos ojos o una tierna sonrisa.

Y todo eso, por supuesto, no es incompatible con campañas electorales y labores de gobierno que debemos confiar a los candidatos políticos, a los que desde aquí, deseo toda clase de éxitos.