Andaba preparando éste artículo cuando he leído en diversos medios de comunicación y redes sociales,  la crónica del Acto inaugural de la restauración de torre y campanario de nuestra Seu Vella,  al que como es normal acudieron autoridades y responsables políticos del mundo de la cultura y de las diferentes administraciones públicas.  Para empezar tenemos que felicitarnos todos por la inversión,  en éste caso del gobierno central,  y el resultado para nuestro emblema por excelencia puesto que poco a poco vamos consiguiendo otorgar al conjunto monumental la dignidad que merece y;  por otra parte las declaraciones del Secretario de Estado José María Lassalle en relación al apoyo del Gobierno a la declaración de Patrimonio de la Humanidad.

mariano_goma_otero_academia_debellas_artes_005Desde que en los últimos meses del ya pasado año, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando,  tuvo a bien nombrarme Académico Correspondiente,  aparte de preparar el programa de trabajo y gestión en los diferentes ámbitos de arquitectura y protección del patrimonio arquitectónico a proponer en el Plenario de la Academia,  he manifestado públicamente y en aquellos foros en los que se me ha concedido la palabra,  que mi prioridad básica, desde mis modestas posibilidades,  sería la presentación y defensa,  como un sumando más,  de la declaración de la Seu Vella como Patrimonio de la Humanidad,  al objeto de obtener los avales de máximo prestigio para la presentación de la correspondiente candidatura.  Así lo comuniqué al Director de la Academia. D.  Antonio Bonet Correa y a su Secretario general. D. Fernando de Terán,  debiendo quizás dedicar un espacio a éste tema en mi próxima intervención en el Acto de investidura.

En los pasados meses mi actividad como miembro de la Real Academia se ha limitado a la redacción de un programa de actividades encaminado a establecer una diagnosis de la situación de las bellas artes en general en nuestras comarcas y cuáles serían las aspiraciones para dar a conocer y mejorar la actividad y calidad del mundo de las artes visuales,  música,  pintura,  escultura y arquitectura;  para si es posible, permeabilizar el trabajo intenso y discreto que las instituciones públicas y privadas realizan,  con una Academia que representa el máximo receptáculo coordinador y transmisor del país.  Como es lógico en mi condición de arquitecto me muevo con mayor soltura en el mundo de la arquitectura y puedo ya hacer y recibir propuestas de las administraciones públicas , organizaciones profesionales e instituciones dedicadas a la protección y defensa del patrimonio arquitectónico,  antiguo y moderno;  pero en breve procuraré la conexión con los responsables y defensores de las otras bellas artes para conocer de primera mano su actuación y prioridades pudiendo así convertirme en un vehículo transmisor ante la Real Academia.

Pero volviendo a la Seu Vella,  no hay nada que me pueda representar una mayor satisfacción que ofrecerme como un eslabón más en la cadena que necesitamos para conseguir el objetivo ante la UNESCO;  puesto que desde mi infancia,  saliendo o regresando de Lleida con mi padre resaltábamos con orgullo la silueta de nuestra ciudad protagonizada contra el cielo por lo que entonces llamábamos El Castillo.  Viviendo durante años fuera de la ciudad,  cada regreso temporal se teñía de aquella emoción de sentirse bajo la protección que se miraba siempre hacia arriba,  así como volviendo a subir juntos al campanario por aquella estrecha,  angosta e interminable escalera.

La historia de mi vida y por supuesto la ya largamente ejercida como profesional está salpicada de anécdotas en relación con la Seu Vella incluyendo la responsabilidad en proyectos e integración de la arquitectura de edificios próximos o constituyentes de perspectivas urbanas en las que la Seu representa una pieza importante del conjunto;  en principio por la honra de haber podido ejercer mi profesión contribuyendo al desarrollo de la ciudad y la impagable fortuna de haber tenido un padre que pintó,  estudió,  contribuyó a la restauración,  ejerció de agitador cultural en todos los foros posibles de post-guerra y,  con todo ello me enseñó un camino que posiblemente me ha traído hasta aquí.

Creo sinceramente que el conjunto monumental que va consolidándose actúa como  manto protector de la ciudad así como de sus habitantes sin distinción de edades u orígenes siendo como un sello de identidad y orgullo.  He hablado muchas veces con gente que,  como yo, por azares de la vida hemos vivido muchos años fuera de Lleida, así como también estudiado en otros países,  con una total coincidencia con todos y todas en la satisfacción y hasta emotiva reacción cada vez que hemos regresado a nuestra ciudad que más allá de calles,  barrios,  apellidos o lugares de encuentro;  respira y siente el alma de nuestra Seu Vella como elemento común y vertebrador de una manera de ser de los que nos sentimos lleidatans.

En éstos momentos creo que es obvio manifestar personalmente la enorme dosis de orgullo que representa,  en la medida de mis posibilidades,  poder aportar una modesta contribución a una aspiración unánime de la ciudad,  no tan solo en el propio expediente documental sino en la divulgación y pedagogía ante las más prestigiosas instituciones culturales y a las que pertenecen ilustres profesionales de la arquitectura y las bellas artes.  Todos ellos y ellas deben necesariamente conocer y valorar la categoría monumental y las únicas cualidades y características de ubicación y morfología del conjunto;  a la par que disponer de una documentación de calidad como la que me consta se ha ido conformando en éstos años por las instituciones responsables como son el Consorcio, el Patronato y la Asociación de Amics.

Confío pués que entre todos y con las posibilidades de cada cual sigamos haciendo el camino cuyo final debe necesariamente ser la Declaración de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO;  y ese día engalanar la ciudad de orgullo y celebrar la ciudadanía una vez más la satisfacción y dignidad de ser de aquí.