Hace ahora más o menos cuatro años,  regresando de Madrid con mi acreditación como Presidente provincial de Creu Roja en Lleida,  publiqué un artículo escrito en el mismo tren que titulé espontáneamente.  “Cruz Roja,  viajen conmigo”.  Hoy y ahora escribo de nuevo éste artículo que podría muy bien llamarse…”Sigan conmigo”.

Desde que una gran Institución planetaria como es Cruz Roja,  ha tenido a bien depositar en mi la confianza de pelear por hacer todo lo posible para acceder y aproximarse a todas aquellas personas necesitadas o en situación de extrema vulnerabilidad en nuestras tierras de Lleida;  pienso que debo en principio agradecer la confianza hacia mi persona y reflexionar acerca de que en los próximos cuatro años,  posiblemente nada sea igual.

Estamos en una sociedad convulsa,  cambiante y que probablemente no sabe muy bien cuál es el camino a seguir pues como factor fundamental adolece de referencias o asideros seguros en su propia evolución.  La barbarie, la violencia,  la opresión del hambre o del terrorismo,  ha provocado la más absoluta inseguridad social.  Hay mucha gente,  quizás demasiada, que ya no cree en nada.  Hasta la letra de la canción Imagine de John Lennon,  adoptada como himno mundial,  ha perdido vigencia…….”I don’t believe.”…

En ese escenario,  mi implicación con Cruz Roja sigue viva y creo que todavía puedo ser capaz de ayudar de forma voluntaria a que nos podamos sentir próximos a la gente vulnerable y que todo aquél o aquella que necesite de una ayuda o apoyo, sepa  que allá donde vea nuestro símbolo de la Cruz Roja,  entrará en un mundo abierto,  próximo y amigo.  Si se ha renovado la confianza en mí para los próximos cuatro años,  debo responder contribuyendo con mi esfuerzo , dedicación  y capacidad  a mantener una referencia de prestigio, calidad y eficacia ganada paso a paso y día a día, durante sus ciento cincuenta años de vida.  Un símbolo mundialmente conocido,  mayoritariamente aceptado y que,  hoy en día representa uno de los pocos refugios incondicionales del ser humano  como tal, en relación a los demás;  creo que merece cuando menos tener el reconocimiento de que,  ayudando personalmente o no,  la Cruz Roja  ahí está.  Y si no estuviera habría que inventar algo similar.

Cuando hace años me planteé una apuesta y aportación personal a la sociedad,  de la que he recibido  halagos y bofetadas,  prestigio y envidias como toda persona activa y emprendedora que ha vivido siempre en positivo;  pensé que la Cruz Roja podía responder a una idea de crear,  como arquitecto,  una  “Unidad habitacional de emergencia”  en el desierto del Tinduf argelino  para un gran asentamiento humano del frente Polisario;  en realidad estaba ofreciendo mi persona y profesión para contribuir mínimamente a que toda aquella población que sufre y a la que no vemos;  dispusiera al menos de la información de que  mucha gente piensa y destina sus recursos en algo positivo para su desarrollo.

Ello me llevó posteriormente a trabajar para la Media Luna Roja  en Khouribba, en el centro del Atlas marroquí,  proyectando y construyendo un centro hospitalario y de asistencia para la ciudad. Todavía recuerdo a los encargados de la obra poner los ojos como platos ante las soluciones de rampas, desniveles y protecciones de accesibilidad y supresión de barreras arquitectónicas en el centro.  Si aquí no tenemos minusválidos…decían.  (Año 1994).  Todo ello me llevó a implicarme en la Institución y mientras yo aguante y la Cruz Roja me aguante a mi,  seguiré implicado desde allá donde me toque.

La sociedad sabe que muchos de los problemas actuales en convivencia, sean del tipo político, religioso o étnico no se van a resolver fácilmente o quizás es que no tengan la más mínima esperanza de resolución;  por ello debemos establecer mecanismos protectores para los más débiles y vulnerables frente al acoso de estatus humanos mejor preparados, más poderosos y ricos y cuando menos suavizar los efectos del castigo.

También nuestro planeta nos demuestra a diario que está bien vivo y quizás también debamos pensar que lo estamos sometiendo a pruebas peligrosas como pueden ser las alteraciones subterráneas o los experimentos nucleares.  Lo cierto es que la más mínima reacción de una placa tectónica o cambio climático produce efectos destructores de dimensiones extraordinarias.  Para todo ello debemos establecer mecanismos de ayuda y salvamento ante la desolación, el hambre y la muerte.

Hay ya muchos socios y voluntarios que nos acompañan en el viaje con sus aportaciones y dedicación pero nunca es suficiente, máxime cuando la profunda crisis que atravesamos ha dejado en situación de total desprotección a mucha gente y los recursos oficiales también se han visto notablemente afectados.  Es en esos momentos en los que la solidaridad de la sociedad puede ser el instrumento de equilibrio para que podamos seguir ayudando a tanta gente necesitada.  Un solo socio,  un boleto del sorteo del oro o una oferta de tiempo,  aún en singular, es fundamental pues, de muchos singulares nacen los colectivos y ladrillo a ladrillo se construyen imperios.

Desde aquí por tanto quiero acabar repitiendo a quién tenga la paciencia de leer éste articulo que reemprendo una nueva etapa de mi viaje en Cruz Roja y quién quiera acompañarme será por supuesto bienvenid@.