SOBRE LA INMORTALIDAD:

 

De vez en cuando,  y solo de vez en cuando,  a los que nos manejamos constantemente entre libros se nos aparece alguna perla que vale la pena anadir a nuestros favoritos provocando además algunos comentarios como éste  que hoy tengo el placer de escribir,  con la esperanza de provocar un cierto deleite en aquellas personas que tienen la paciencia de leerme.

Casi siempre esas perlas vienen cargadas de sensibilidad,  filosofías,  ternuras o tristezas,  y pocas veces van acompanadas de una dosis de humor  inteligente,  rayano en lo surrealista  que provoca,  no solo una abierta sonrisa sino una inyección de hilaridad en vena.

Plantea mi perla el tema de la inmortalidad en el sentido terrenal del concepto entre aquellas personas que han sido,  son o serán  inmortales por sus acciones,  fama o aportaciones al mundo que los juzga elevándolos a la inmortalidad,  o simplemente los desinmortaliza condenándolos al olvido del mortal.  En otros caso hay inmortales a los que nadie conoce,  que deben sentirse frustrados en sus tumbas y mortales que hagan lo que hagan  no conseguirán jamás que nadie los inmortalice.  Y para mejor comprensión de mi perla  iniciaré una serie de apartados muy simples que como un decálogo o más,  creo será más didáctico  que enlazándolos en mi propia prosa.

—Para ser candidato a la inmortalidad,  uno tiene que morirse,  pues ser inmortal y vivir  tiende a resultar incompatible  al menos hasta el siglo veinte  en que nos hemos chalado cambiándolo todo para inmortalizar impresentables con clamorosos errores e injusticias hacia quienes verdaderamente eran merecedores de esa condición.

—En ocasiones para obtener la inmortalidad debe sufrirse una cuarentena que puede durar siglos.  Shakespeare,  Cervantes y algunos más ,  debieron  esperar más de dos siglos hasta alcanzar la inmortalidad.

—La inmortalidad por suerte o por desgracia,  termina tarde o temprano,  y si no,  no hay más que recordar  la ya olvidada lista de los reyes godos,  que fueron inmortales todos ellos o los Lope de Vega o Jacinto Benavente,  que han sido borrados de la inmortalidad,  a pesar de salir a hombros del teatro en las noches de estreno,  como los toreros.

—Nietzsche  al afirmar que Dios había muerto consiguió dos cosas;  ser inmortal y a la vez matar la inmortalidad  porque sin la idea de divinidad y sin Dios o referencias,  todos hemos muerto.

—A largo plazo,  la posibilidad de ser inmortal es idéntica entre el Presidente de los Estados Unidos o de una comunidad de vecinos de barrio;  entre el primer hombre que pisó la Luna o el ganador del concurso de moda;  pues aparecer en wikipedia con millones de visitas,  o en links de las redes sociales populistas,  nada tiene que ver  con la inmortalidad;  ni creándose un perfil.

—La inmortalidad verdadera debe ser compartida por un colectivo social amplio en sexo,  gustos,  edad,  profesiones,  etcétera,  puesto que la que se reduce solo a un grupo de especialistas suele ser tan solo un hecho meramente técnico.  Einstein alcanzó la inmortalidad y la conserva por el momento;  pero al bueno de John Bardeen,  dos veces Premio Nobel solo lo conocen los físicos y algunos químicos.

—La probabilidad  de ser inmortal es directamente proporcional al país de nacimiento del individuo.  La probabilidad de ser inmortal naciendo en Espana en los siglos veinte y veintiuno,  es tan remota que tiende a cero.  En Cataluna a nada.

—Cabe reflexionar acerca de que si Cervantes escribiese en la actualidad una obra equivalente a su Quijote,  en Espana y en español,  no alcanzaría con toda certeza la inmortalidad.  Si lo escribiese en inglés y en Estados Unidos,  seguramente sí;  y si fuera en chino mandarín y en China,  quizás también.

—Hoy día es totalmente imposible haber nacido,  vivido y fallecido en Teruel, Baden-Baden, Lille o Bristol;  y ser inmortal.

—Alejandro Magno es mucho menos inmortal  que Homero y Leonardo da Vinci lo es más que el Giotto o Ludovico Sforza;  y muchos de los fenómenos mediáticos y mediocres actuales son mucho más inmortales que FelipeII y Juan de Austria,  por no mencionar a Felipe III, Felipe IV o Carlos II,  que tan solo se hallan en los cuadros de los museos.  Y qué decir de militares inolvidables  como Luis de Requesens, Daoiz, Velarde,  Patton o McArthur,  de finiquitada inmortalidad,  habiendo perdido contra Chiquito de la Calzada o Belén Esteban,  la cruel batalla para ser inmortal.

—Hay que cuidarse mucho de que no pongan nuestro nombre a una calle de la ciudad mientras vivamos o al poco de palmarla,  incluso en nuestro pueblo ; pués es peligrosísimo intentar asegurarse la inmortalidad en el callejero.  Balmes,  Aribau,  Muntaner,  Serrano o Claudio Coello,  hoy día son nombres de calles o de inmortales;  y como ejemplo no hay más que tomar un taxi y hablarle al taxista de Rafael de Casanova,  para que él responda.  Cono… Vaya coincidencia,  ese tipo se llama como la famosa calle del Ensanche.  He aquí pués el porvenir de tantos inmortales;  acabar siendo direcciones en un GPS.  Ya lo escribió Ovidio: Los inmortales se metamorfosearán en nombres de calles.

—Claro que no siempre es así.  Hitler,  Mussolini o Franco son inmortales pero ninguna calle en Alemania, Francia, Inglaterra o Espana,  llevará jamás su nombre,  al menos desde el siglo veinte y esperemos que por muchos siglos más.

—Los malos y mediocres también logran alcanzar la inmortalidad,  en especial de nuevo a partir del siglo veinte;  el siglo diabólico  en que el mal deviene definitivamente más popular que el bien y el vicio más atractivo y famoso que la virtud.  Hoy día ser malo mola.  Los poetas,  científicos,  pensadores o brillantes profesionales,  sucumben ante el auge de asesinos,  ladrones,  genocidas y pederastas sin distinción de sexo, en la batalla por la inmortalidad.  Quizás hoy día alcancen mayor notoriedad los políticos y corruptos que están en la cárcel o en ella caerán tarde o temprano,  que aquellas mentes brillantes  que trabajan limpiamente al servicio de su país.

—La actual cultura pop de masas,  tal vez ha sustituido la inmortalidad por la popularidad y por tanto tiende a morir.  De verdad podemos creer que John Wayne,  John Lennon,  Julio Iglesias,  Guardiola,  Maradona o Messi,  sobrevivirán al final del siglo veintiuno?.

—La popularidad da dinero y la inmortalidad ni un duro.  O para ser más preciso la popularidad hace ganar dinero al individuo,  mientras que la inmortalidad sirve para que a costa del individuo ganen dinero los demás.  Así las cosas no es extraño que la gente prefiera ser popular antes que inmortal.

—Además la gestión de la inmortalidad es complicada,  pués si eres inmortal en el cuerpo de Marilyn Monroe como tía buena y sexy;  pués es genial;  pero si te inmortalizan con noventa anos,  canijo y sin un diente;  mejor es  dedicarse a pedir limosna por la calle.

—Hay que ser sinceros,  la inmortalidad es un perfecto asco porque no es la vida verdadera.  Es transformarse en un esclavo de los demás o un monigote para uso y disfrute de los mortales.  Sobre el  inmortal,  y sin permiso ni ganancia alguna,  se escriben los libros de historia,  guias turísticas,  tesis doctorales y novelas,   siendo al final la marioneta de los sueños de gloria de los que trepan.  En fín,  los inmortales solo sirven para que vivan los mortales.

 

Finalmente mencionar que  cayeron las estatuas de Sadam Hussein, Franco, Lenin y muchos más  y tal vez las actuales e imponentes  de Goethe o de Abraham Lincoln,  quizás algún día caigan destruidas por guerreros que no hablarán alemán,  inglés o español,  pués todas las estatuas nacen para morir.

 

Lo dicho… Que la inmortalidad es un asco.

 

Mariano Gomá.