PACTO DE ESPAÑA.

Desde al año 2012, no solo los posicionamientos del Círculo Cívico de Opinión, sino también de otras asociaciones, foros y voces autorizadas, están reclamando que la actual situación política, económica y de estructura territorial española, requiere de un esfuerzo de país y de un Pacto Nacional de Estado. No es caso, a pesar de la cruda realidad de la situación, proponer en éstos momentos un gobierno de concentración que con toda contundencia aborde el presente diseñando además el futuro, pero sí es urgente promover pactos con generosidad y solidaridad en la lucha contra las diferentes crisis que abruman a España y el conjunto de los españoles porque, de no ser así continuará irremisiblemente el declive de las instituciones, de los derechos y bienestar de los ciudadanos hasta un punto en que pueda devenir irreversible.

La política y la economía tienen en gran parte sus propios cauces de conducción con la  adopción de aplicaciones técnicas, pero la afección a la estructura territorial del Estado y la integridad de España presentan en éstos momentos un dramático escenario con una cruel fractura social y familiar de los ciudadanos de Cataluña que por extensión, afecta gravísimamente al conjunto de la ciudadanía española, a la vez que amenaza con una auténtica desestabilización de las estructuras europeas afectadas por notables esfuerzos de equilibrio entre los países miembros.

Estamos a su vez asistiendo al inicio de idénticos postulados nacionalistas basados en el perverso derecho a decidir como un supuesto principio democrático que les permita utilizar el derecho de autodeterminación, tanto en el País Vasco como en Baleares o Comunidad Valenciana.  Hay que respetar sin duda los sentimientos de pueblos y comunidades pero el principio de constitucionalidad también debe imponer sus reglas que será imprescindible observar.  No hacen falta más detalles para reafirmar la dimensión de los preocupantes aspectos que conciernen al Estado y evidentemente no es éste un asunto de competencia exclusiva del Gobierno, sino que reclama un amplio pacto político para afrontarlo con garantías pues no solo afecta al conjunto del pueblo español, al margen de ideologías e intereses, sino que puede dinamitar nuestro país, volando el estado del bienestar conseguido con los últimos cuarenta años de esfuerzo colectivo, la convivencia pacífica y la concordia social.  En definitiva, nuestra democracia.

Las grandes manifestaciones de Barcelona en que por primera vez la sociedad catalana silenciosa y silenciada, alzó la voz exigiendo la recuperación de la sensatez política y el regreso al marco legal jurídico y constitucional por parte de quienes han provocado la suicida deriva separatista, ha provocado quizás insospechadamente, un efecto multiplicador hacia el conjunto de la sociedad española despertándola de una cierta rutinaria ensoñación.

Consecuentemente en los últimos tiempos, las declaraciones y noticias de cada día se han concentrado en la política catalana y sus consecuencias con el lamentable espectáculo de los filibusteros de la independencia, profesionales de la trampa y malabaristas de la payasada, que no obstante están consiguiendo mantener el enfrentamiento entre catalanes y en vilo al conjunto de la sociedad española, mientras estamos olvidando la evidente crisis del estado de las autonomías en su conjunto cuyas manifestaciones son también notables.  No es en absoluto sensato olvidar que después de casi cuarenta años el reparto territorial del poder presenta serios deterioros que afectan al funcionamiento del Estado como conjunto así como a la articulación de las instituciones que lo conforman.

No es por tanto tan solo el desafío catalán aquello que provoca el quejido de nuestras estructuras y marco de convivencia puesto que la fulgurante transformación de nuestra España democrática sometida a una aceleración tal vez excesiva para situarnos a la cabeza de los países desarrollados, requiere indudablemente de una revisión de los engranajes y desgaste normal en el esfuerzo.  Las instituciones, el gobierno, los partidos políticos y el conjunto de la sociedad civil, deben prescindir de sus privilegiadas atalayas, enfundarse el mono de trabajo, preparar el instrumental necesario y revisar a fondo el cuerpo y el alma de nuestro gran país dotándolo de una nueva ilusión y energía que nos permita mantener a la cabeza del desarrollo y la prosperidad.

España vive una situación muy comprometida y todos debemos asumir patrióticamente la necesidad de establecer acuerdos globales para superarla.  Es seguro que el propio hecho del acuerdo contribuiría también indiscutiblemente a mejorar la opinión que los ciudadanos tienen actualmente de sus representantes políticos.

Pero algo se ha movido en la sociedad a partir del despertar de Octubre de 2017 en todo España y en breve la opinión pública tendrá noticias de la aparición de un movimiento civil de la sociedad con carácter independiente y transversal que, sin interferir en la actividad política,  va a representar la voz de toda aquella ciudadanía que se halla demandando una referencia en la que depositar los anhelos de concordia, convivencia, solidaridad y progreso.  La voz de toda la sociedad española va a empezar a aparecer de forma firme y decisiva.  Que nadie lo dude.

Mariano Gomá.