De nuevo aparece en el calendario a primeros de Mayo el establecido como Día Mundial de Cruz Roja. Curiosamente y por casualidad coincide siempre con la Festa Major de Maig de Lleida, Sant Anastasi, en que nuestra ciudad se viste de luces, convivencia y espíritu vecinal. También a título íntimo, siempre recuerdo y revivo ese día en que mi padre Mariano Gomá Pujadas nos dejó, creo que prematuramente; haciéndolo no obstante en aquél día en que su ciudad se engalana.
En mi condición de voluntario de Cruz Roja, también un año más he asistido a los Actos Institucionales de Cruz Roja Española, ésta vez en la maravillosa ciudad de Toledo. Solo hacer una mención de que en esa ciudad convivieron, o supieron convivir, judíos, musulmanes y cristianos, sin los odios actuales y, entre todos ellos nos dejaron ese extraordinario patrimonio de la humanidad en arquitectura, urbanismo, pintura, arte y sociedad. ¡Quién lo soñara en los tiempos que corren y qué bien haría a nuestro pequeño mundo!.
Pero aparte de lo de siempre, bellos discursos, loores, piropos y aplausos en el foro de celebración, mientras cada uno de los protagonistas, a saber presidentes e ínclitos políticos habían dejado en la puerta, tan solo por un momento, navajas, espadas y pistolas; éste año he tenido el placer y el honor de conocer y profundizar directa y personalmente con dos personas que, tal y como imaginaba, han dejado una importante huella en mi concepto de solidaridad, como han sido las Presidentas de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja Chilena y Haitiana. Representadas por dos auténticas bondades de mujer, he podido escuchar de sus explicaciones, todo lo que pasó, como ocurrió y como en estos momentos se halla el proceso de reconstrucción de las zonas afectadas en sus respectivos países.
En el caso de Chile, el tremendo terremoto se inició y bajó de intensidad por unos minutos antes de atacar de nuevo hasta la máxima intensidad y, ese corto espacio de tiempo permitió a la gente evacuar los edificios o refugiarse en zonas seguras. Como siempre , los animales avisaron y la gente reaccionó rápidamente, quizás por la costumbre, asumiendo el problema, los daños y efectos colaterales.
En Haití fue peor pues la gente vive en construcciones efímeras y el clima crea una laxitud en la estructura y constitución de viviendas y edificios. La pobreza y falta de recursos es extrema y el haitiano come lo que pilla, vive donde puede y subsiste viendo pasar el benigno clima y las beneficiosas lluvias tropicales. En Haití los efectos fueron devastadores y puedo afirmar , por boca de la Presidenta de la Cruz Roja Haitiana Dra. Michaèle Amédée, que la labor de los voluntarios y ciudadanía fue, y sigue siendo extraordinaria de solidaridad y ayuda a toda prueba.
Parece ser que España y Alemania fueron los dos países que más volcaron sus esfuerzos y ayuda en aquellos conceptos y acciones de mayor urgencia y necesidad; lamentando no obstante que la ayuda americana llegara en una lluvia de dólares de papel que, en esos momentos no salvaba vidas, ni secaba lágrimas, ni paraba hemorragias de sangre.
Tuve también ocasión de ver asomar unas lágrimas en sus ojos cuando le expliqué la respuesta que la gente, organizaciones, grupos y empresas, etc. que en mi provincia de Lleida, ha tenido para con la ayuda a Haití. No puedo en éstas líneas, mencionar la lista de todos aquellos y aquellas que han aportado su humilde o simple ayuda; pero la Sra. Amédée me ha pedido que en su nombre traslade a todo el mundo su más cariñoso agradecimiento, pidiéndome además las referencias para, humildemente y con sus medios, agradecer el apoyo recibido. Quería sobre todo transmitir el mensaje y acuse de recibo de las diferentes ayudas, fuera cual fuese su cuantía.
Poder compartir con las delegaciones de Haití y Chile éstos momentos y vivencias directas de los dramas que han sufrido y soportaran por mucho tiempo; ha sido para mí un regalo inesperado que me ha enriquecido y reafirmado en el voluntariado y solidaridad de las personas. Si durante los últimos años, a veces, mis reflexiones me han llevado a pensar que, qué caray hacía un arquitecto en el mundo de la Cruz roja desde primera fila, hoy desde éstas líneas entiendo bien el porqué.
La posibilidad de conocer con el tacto de la mano, cuáles son esas labores solidarias a las que contribuimos sin saber exactamente el destino de los fondos y su eficacia; me hace creer en la bondad y limpieza de los caminos y, comunicarlo desde éste artículo a la sociedad. Y para avanzar algo más en éste sentido, he pedido a la Sra. Amédée de Haiti que me indique la forma y manera de que la gente interesada que han aportado su granito de arena en la ayuda a su país, pueda viajar a él y comprobar “in situ” todo aquello que se está haciendo y todas aquellas acciones que están aportando la felicidad a la gente. Yo también quisiera ver como todo aquel conjunto de granos de arena han hecho una playa donde arriban mansamente las olas del mar.