OLÍMPICOS.

Cuando éste artículo vea la luz oficial habrán finalizado los Juegos Olímpicos de Rio-2016. Una vez más el mundo se ha unido alrededor del deporte lo cual es como una inyección de oxígeno a la angustia de lo que nos ahoga en el día a día. Le comenté un día en persona a Samaranch, que el ser Presidente del Comité Internacional Olímpico era uno de los pocos chollos  de prestigio en el planeta para una persona, puesto que sin Estado, ni Gobierno ni responsabilidades de ciudadanos, por el deporte todo el mundo responde, se le pone al teléfono y es recibido como un Jefe de Estado allá donde vaya. Y quién lea éstas líneas, créanme que sé lo que me digo y porqué.

Bien. Hemos hecho un discreto pero fundamental papel y desde aquí quiero felicitar a todos y todas nuestros deportistas que han merecido estar allí. Unos con éxito y medallas y otros simplemente compitiendo que en el fondo es lo que adoran. Pero pensemos que han estado luchando por sus deportes, por su prestigio y por su país España, después de miles de horas de entrenamiento, sufrimiento, lesiones, dolor y, porqué no decirlo, tanto abandono oficial.  Cada día en la cancha o en la piscina o en el kayak, horas de esfuerzo y placer deportivo sin pensar en ellos mismos ni en su futuro, sino tan solo en el afán de superación, para llegar, para mejorar. Nada más enriquecedor pero también nada peor pagado y menos agradecido.

Dicho sea de paso nunca he entendido porqué Nadal o Neymar pueden ser olímpicos frente a Craviotto, Belmonte y tantos amateurs.

Pero en Rio, sin poder celebrarlo con cohetes, nuestros chicos y chicas han cumplido con su compromiso personal y con su país. Mireia, Saul, Pau o Carolina, así como las chicas de basket, hockey o waterpolo, nos han hecho vibrar, llorar, gritar de emoción y sentir los colores de nuestra bandera. Desprecio desde aquí de forma tan natural como el oxígeno que respiro a toda aquella persona o entidad que esconda, manipule y lleve hasta el ridículo internacional el intento de camuflar el orgullo de un país con acciones u omisiones, falsas banderas o imágenes alteradas, pues son las consecuencias de su propia enfermedad de la cual espero que el tiempo les otorgue un adecuado tratamiento.

Yo al menos he sentido la alegría de tener personas que me han proporcionado aquella satisfacción y unión con la gente en la que creo; y todo ello a costa de su esfuerzo y sufrimiento, mientras quienes tendrían que llevar la llama de la política y la lucha por el bienestar, manipulan, negocian, conspiran, apuestan y quizás se regodean delante de nuestras propias narices sin que el país consiga llevar un rumbo definido y estable.

Qué diferencia entre el limpio deportista que nos hace felices con su esfuerzo y el triste político que nos amarga la vida.

Acabó Rio-16. Bienvenidos a nuestra triste realidad.

 

Mariano Gomá.mariano-goma-003