NOMENCLATOR, CALLES E INMORTALIDAD

Parece que se ha instalado la moda en las instituciones políticas, muchas de ellas gobernadas o apoyadas por verdaderos indocumentados, de poner encima de la mesa mociones, proposiciones e iniciativas para cuestionar de forma más o menos virulenta el nomenclator de nuestros pueblos y ciudades,  en relación a personas que en boca de gente sin conocimiento alguno de la historia porque han vivido sus escasos años de vida chupando del bote de la inactividad; asociándolos y afirmando su pertenencia al régimen general franquista o fascista, sin más.

Como quisiera darle a éste artículo un cierta dosis de humor,  recordaré una reflexión que un día deduje de un buen libro y en su día escribí. “Hay que tener sumo cuidado en que no pongan nuestro nombre a una calle de una ciudad aunque sea la nuestra,  mientras vivamos o al poco tiempo de haber palmado,  puesto que es muy peligroso intentar asegurarnos la inmortalidad por estar integrados en el nomenclator urbano.  Por ejemplo,  muy poca gente sabe hoy en día si  Balmes,  Serrano,  Claudio Coello,  Aribau, Muntaner,  Hermosilla,  Fleming, Bravo Murillo o Espronceda,  son nombres de calles o de personas inmortales.  Y me atrevería a asegurar que si tomamos un taxi y le hablamos de  Lagasca, responderá sin duda.  ¡Hombre! ¡Qué coincidencia!.  Ese tipo se llama como la famosa calle del barrio de Salamanca.”

Éste es probablemente el futuro de tantos y tantos inmortalizados en calles. Ovidio ya escribió “Los inmortales se metamorfosearán en nombres de calles“.

Y yo considero que es bien triste el futuro de tanta gente que acabará siendo una dirección GPS.

Estuve totalmente de acuerdo en apartar de los espacios públicos el recuerdo de personajes de pasado violento,  ideología equivocada o protagonistas de episodios lamentables de la historia;  y de hecho siempre he aplaudido que después de la muerte del General Franco,  se eliminasen de todas partes del territorio español las calles o avenidas del Generalísimo,  Jose Antonio o Victoria,  pero en éstos momentos es complicado y verdaderamente un gran riesgo eliminar nombres porque sí y las comisiones que se nombrarán para el estudio de tantos casos particulares,  tienen una ardua tarea.

Primero porque nunca se sabe dónde está la frontera de los desastres de la historia y sobre todo las épocas a las que debemos llegar, puesto que quién sabe si tendremos que eliminar también los nombres de Alejandro Magno, Julio César,  todos los conquistadores holandeses,  franceses,  belgas, ingleses y españoles,  así como más recientemente de Churchill, Kennedy,  Mc Arthur o De Gaulle,  así como un infinito número de personas que dirigieron guerras donde murió mucha gente inocente.

¿ Así mismo deberíamos eliminar todas las estatuas ecuestres de nuestras ciudades por insultantemente guerreras,  aunque fueran las de Espartero en Madrid o Il Colleone del genial escultor Verrochio en Venecia?

Y hay que ser extremadamente cuidadoso puesto que después de la guerra civil mucha gente se exilió,  pero una infinidad de personas y familias se quedaron aquí,  al pié del cañón,  para comenzar de nuevo  a empujar el país hacia el desarrollo y la prosperidad;  y lo hicieron desde la profesionalidad,  el comercio,  la economía i la cultura,  trabajando discretamente bajo el régimen franquista,  sin hacer demasiado ruido. Solo trabajando y trabajando cada uno a su manera.  Por todo ello no se puede juzgar frívolamente a las personas que en muchos caso cimentaron el prestigio de nuestras ciudades y nuestro país,  habiéndonos dejado unos legados que hoy día no tienen precio y que quizás poca gente se pregunta de dónde han salido.

Me vienen a la memoria en éste momento nombres de muchas personas que están siendo acusadas injustamente de franquistas-fascistas, cuando lo único que hicieron en su vida fue trabajar para su país,  llevar adelante a su familia y contribuir al bienestar social que ahora tanta gente alardea de tener o reclama vehementemente;  y lo que más me preocupa es que toda esa gente que lo reclama, aunque vivieran tres vidas no llegarían jamás a la suela del zapato del nivel que nos dejaron todas esas personas,  para ellos indeseables fachas.  Pero claro;  ese ilustre coro de voces se compone de elementos que usan  lo que la sociedad les ofrece como tecnología y sobre todo libertad, para saltarse a la torera las formas, los valores y sobre todo la ética;  aunque quizás peco de ingenuo ya que ellos y ellas ni saben lo que es la ética ni tienen idea de historia y por supuesto ni les suena lo que significa trabajo y esfuerzo.

Y para acabar también con un toque de humor.  ¿ A todos aquellos vecinos afectados por el cambio de nombre de sus calles,  alguien les indemnizará económicamente por verse obligados a cambiar sus tarjetas,  papel de carta,  documentos de identidad,  tarjetones y direcciones comerciales publicitarias o direcciones postales oficiales ?

Es tan solo una simple pregunta.

Mariano Gomá.

 

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