Soy simplemente aficionado al buen futbol,  estoy disfrutando éstos últimos años con el juego del mejor Barcelona de la historia,  siendo un catalán que vivió veinte años en Madrid y en mi crecimiento incorporé también una segunda patria en mi vida.  He vivido las rivalidades de los dos grandes equipos ,  desde la época franquista y de la Demostración Sindical;  hasta el ya mayor de edad período democrático con sus manifestaciones politizantes de himnos,  banderas,  carteles y demás absurdos intentos de llevar al mundo del deporte  todas las frustraciones sociales que,  muchas veces además se convierten  en refugio de vagos y maleantes  que piensan que trabajar es de imbéciles  y apuntarse a todo lo que huela a manifestación les solucionará la vida;  aunque al menos solo les distraiga.

Entiendo y creo que es sano  que entre el Madrid y el Barça,  siempre arda el pulso de competir,  de ganar,  de aquella profunda satisfacción de dominar al máximo rival.  Es estimulante también observar como unos  chicos que un día celebran jugar y ganar juntos en nuestra selección;  cambien la camiseta roja por la de su equipo y rivalicen en el juego  con las naturales brusquedades,  miradas de reojo y reproches,  conociéndose tan bien como se conocen en sus estrategias y forma de jugar.

Ambos equipos no tienen límite de deuda financiera  y obtienen para sus colores los más caros jugadores del mundo,  con independencia de la extraordinaria visión de futuro de la Masía y sus responsables, al preparar una inacabable cantera que alimentará el mejor futbol del mañana.  Estadios donde cabrían la mitad de las ciudades intermedias de nuestro país,  un número de socios que bien los quisieran la mayoría de las ONG’s y un poder mediático sin límite para la manipulación de opiniones y estados de ánimo.

No sé si ahora peco de ingenuo o de no entender la carga de adrenalina,  o morbo,  que requiere el espectáculo deportivo de hoy día en un Barça-Madrid;  pero jamás en mi vida había visto tanta transformación de rivalidad en odio,  de competición en batalla,  de reproche a insulto, de discusión en bronca,  de entrada en patada,  de carga en revolcón ,  y un largo etc.

Alguien ha alentado todo eso en el Madrid sugiriendo a Pepe que le queda bien el papel de Mazinger-Z,  a Marcelo que la mejor técnica es la patada o al buen vasco Xabi Alonso que la habilidad ya no está en cortar troncos y ahora se lleva la siega de piernas.  A todo eso,  a un extraordinario jugador como es Cristiano Ronaldo lo han entrenado para protestarlo todo y lloriquear en vez de deleitarnos con su velocidad y pericia con el balón.  Hasta el bueno y genial portero Iker,  que siempre nos ha parecido a todos un modelo de educación,  cordura y personalidad;  ha perdido esos papeles sumándose a la bronca de algunos de sus energúmenos compañeros.

Eximo por tanto de responsabilidad a unos chicos-estrella,  veinteañeros impulsivos con hambre de triunfo y,  que al final cumplen con el papel que se les encomienda y copian lo que ven como en la familia o en la escuela.

El daño que un entrenador,  manager o conductor moral de esos chicos,  está haciendo al buen futbol,  a la sana rivalidad,  al deporte en general,  a la sociedad y,  finalmente a España;  requeriría un juicio sumarísimo por responsabilidad social.  Se puede ser un provocador inteligente,  un chulito miserable o simplemente un extranjero residente aquí y venido a más;  pero su estratégica actitud,  a nadie debería hacerle gracia ya.  Su mala educación,  desplantes,  acusaciones de todo tipo,  por muy buen entrenador que pueda ser;  no deben amedrentar a la justicia de tribunales sociales y deportivos y alguien debe acabar con todo eso.  En el mundo hemos condenado y enterrado a ídolos o referentes mediáticos por presunciones de actos punibles y;  yo me pregunto si no vamos a ser capaces de acabar  con ese hombre que lleva con orgullo la responsabilidad  de haber provocado un más que peligroso odio entre dos masas sociales convirtiendo el futbol en una cruzada de jóvenes mercenarios.  El terrorismo social creo que se castiga en nuestros códigos legales y Mourinho me parece un peligroso terrorista que se lavará las manos  y mirará hacia otra parte el día que se produzca una agresión física entre aficiones,  nacionalidades o ciudadanos catalanes, madrileños y finalmente españoles.

Tenemos además un estado de permanente conflicto e inseguridad en relación a la unidad del Estado,  federalismos,  nacionalismos conceptuales y separatismos radicales,  regionalismos,  hechos diferenciales,  orígenes y matices culturales;  tan cargados de nuestra extraordinariamente rica historia;  que lo que menos necesitamos es que aparezca un mequetrefe guaperas que venga a superar sus complejos aquí,  a costa de poner sal en nuestras heridas y hacernos gritar de dolor cuando tanto necesitamos de bálsamos sedantes.

Su presidente Florentino Perez,  la buena afición madridista,  el deporte en particular y la sociedad en general,  debería buscarle destino a éste mentecato.  Quizás en Corea a entrenar el futbol –Tae-Kwon-do,  en el equipo de Alcatraz o en los bajos fondos de Saigón;  tendría alguna labor a hacer,  pero lo que es indudablemente cierto es que éste tipo sobra en España.