libro-marianogomaTuve la suerte, desde pequeño, de tener a mi alcance el mundo de la poesía y de las letras. Quizás los románticos favoritos del abuelo Otero como Espronceda o Becquer; de mi madre como Amado Nervo o Alfonsina Storni, o de mi padre, con su extraordinaria visión de la cultura, han ejercido una influencia decisiva en mi desarrollo personal.

Siempre he sostenido que pertenezco a la última generación de arquitectos de letras, por combinar en nuestra formación la física y el cálculo matemático con el humanismo de la estética, composición, historia del arte, etc.

Posiblemente por todo ello, a mi fiel pluma estilográfica nunca le asustó un papel en blanco donde escribir opiniones o reflexiones de toda índole.

Este libro que presento ahora contiene un escogido conjunto de pequeños poemas y sentimientos que quiero compartir con todas aquellas personas a las que pueda interesar.

Hubo una vez que quise escribir como un poeta

Un poema o un pensamiento siempre es fruto de un estado de ánimo o de un mensaje a un persona destinataria. Creo que así nace y, considero que no es bueno que acabe en el baúl de los olvidos o en cajón de los silencios anónimos. Cada uno de ellos tiene una razón de ser, un sentimiento asociado, un instante vivido, un amor o una historia de vida. Es también probable que las personas que lean estos textos encuentren un reflejo profundo de si mismo, simplemente identifiquen mis silencios o me recuerden, en mi escritorio o en cualquier sitio, escribiendo al compás de mi eterna compañera, la música.

“El presente libro, escrito por un arquitecto, pretende describir la intensidad de experiencias vividas en el entorno de un país como Kenia, desconocido e inusual, en la voluntad de transmisión de un profundo interés por la naturaleza con la descripción de la vegetación, la luz y las atmósferas de un viaje también al interior de sus propias sensaciones. El estilo directo y trabajado y la sensibilidad está a flor de piel … Es un libro que se lee como un paseo en la brisa del atardecer.” (Luis Racionero)

Pero uno de los secretos de este libro es haber sentido la necesidad de que alguien con la sabiduría y la experiencia de Kim Castells, pusiera imagen y diera luz a los textos. No me equivoqué y tengo que reconocer que a la genialidad de Kim se ha sumado la intuición y ternura de Olga, que ha sabido captar, interpretar y finalmente fundir la palabra y el color. A mi se debe el sentimiento, a Kim la luz, y a Olga el preciosismo de su fecundación.

marianogoma--libroA veces, releyendo alguno de los textos o poemas y recordando, sin duda, cuándo, cómo, porqué y quién lo inspiró; me pregunto si fue la música, o la musas de Serrat, las que me impulsaron a poner en un papel el latir de mi corazón. Estoy satisfecho porque el amor, la amistada, la nostalgia, la soledad, la vida y, también el mar, han orientado mi camino. La familia, la cultura y un cierto hermetismo vestido de fiesta, he na traído hasta aquí.

Pecaría de ingenuo y egoísta si este libro no estuviera a rebosar de dedicatorias. Leyendo, oyendo y estando rodeado de libros de poesía, no puedo menos que agradecer a mis padres el haberme enseñado a escribir y a sentir la potencia o la paz de un texto.

Aunque hoy en día parece que no se puede agradecer demasiado al sistema formativo, en mi época sí que nos marcaron profundamente las asignaturas de gramática, literatura y comentarios de texto. Al saber de memoria pasajes de Calderón, Tirso de Molina o Jorge Manrique, quizás aprendimos sin querer a manejar el vocabulario y los tiempos de una frase.

Cada verso o poema, está dirigido a alguien en concreto, o a un estado de ánimo determinado. A todas esas personas o momentos debo agradecer su presencia en mi vida, su amor y el haber compartido el camino.