LA CANCIÓN DEL VERANO.

Hace ya como treinta veranos que escribí uno de mis primeros artículos publicados en la prensa, en relación a mis impresiones del ambiente de la ciudad el mes de Agosto, en el que los entonces motivos profesionales me obligaban a permanecer al pié del cañón en primera línea. Comentaba entonces la soledad de las calles al calor, la búsqueda en oficinas y terrazas de los rincones frescos ante aires acondicionados todavía incipientes,  alcaldes/as accidentales por vacaciones del titular, el mundo de los Rodríguez con sus cenas y tertulias y definitivamente un relajo general.  Después, en los días como hoy se volvía a poner en marcha toda la maquinaria oficial,  chirriaban los engranajes y a empezar de nuevo con las torturas habituales del fútbol, nuevas programaciones de la tele y demás. Entonces atacaban con Falcon Crest y programas musicales, mientras hoy nos castigan con Juegos de Tronos, Hormigueros y otras basuras mediáticas, pero en realidad todo sigue siendo exactamente igual.

También volvía cargada la mochila de las ilusiones y deseos como inscribirse a un gimnasio o club deportivo y ponerse en forma, disciplinarse a una dieta y horarios, así como todas aquellas cosas que se aparcan en el periodo vacacional. Vuelta pues a empezar trabajos, colegios y rutinas que un año más acompañarán al otoño e invierno, esperando tan solo la estación de tránsito de la Navidad y algunas fiestas esporádicas tradicionales o recién inventadas.

Éste año sin embargo presenta varias novedades. Cuarenta años después de la restauración de la democracia y el nacimiento de una nueva España Constitucional post-dictadura, se hace necesaria una revisión profunda de la estructura que hemos construido y nos soporta, como se hace con cualquier instrumento sometido a envejecimiento y transformaciones, así como es preciso por propio higiene natural, limpiar o sustituir todo aquello podrido, sucio o caduco, ventilando y esterilizando el entorno. Ello con la propia confrontación política, desánimo y hartazgo de los ciudadanos que hemos padecido en nuestras carnes la mayor crisis de la historia reciente, por pura lógica, ha provocado la aparición de movimientos populistas, neocomunistas y anti sistema que apuestan por la demolición de todo lo construido, que han arrastrado a un buen número de simpatizantes aunque nadie sepa adónde conduce todo ello.

Hete aquí que éstos días nos hallamos inmersos en un teatro parlamentario en donde los actores, tenores y divas, escenifican como en una comedia de Jardiel Poncela, los esfuerzos para que el país disponga por fin al menos de un gobierno estable y serio que ayude a la huida definitiva del horror de la crisis,  poniendo rumbo positivo que nos haga avanzar. He opinado siempre que España necesita de la generosidad y honestidad de partidos y líderes para conformar un gobierno de concentración nacional y así salir adelante,  que tiempo habrá para que vuelvan a la greña. Y también defiendo que si no son capaces del sacrificio personal por su país y nos llevan a unas terceras elecciones en Navidad, deben pasar absolutamente todos a la reserva ofreciéndonos a los ciudadanos un cartel de caras nuevas y limpias con independencia de la edad que siempre es una garantía de experiencia y madurez.

Otra novedad que se nos presenta es el hecho de que por voluntad de los votantes, se han instalado en las instituciones un conjunto de personas que hacen del esperpento su profesión, que no conocen la diferencia entre el insulto y la libertad de expresión y tampoco el concepto de trabajo duro y esfuerzo para merecer el bienestar del país, escondiéndose tras las posturas de sus propias inseguridades y déficits.  Pero también es normal,  crecerán aprendiendo a controlarse y a tener verdaderas responsabilidades sobre los demás, alcanzando con ello la sensatez y preparación que se requiere para gobernar.  Unos llegarán lejos y otros no pero eso es pura ley de vida,  pues todos hemos sido jóvenes e ignorantes y con la experiencia, los fracasos y algunos ridículos,  hemos aprendido a moderar impulsos y respetar a los demás aunque no piensen igual que nosotros.

A todo ello crucemos los dedos con el deseo de que éste Setiembre sea al menos igual que todos los demás.

Mariano Gomá.mariano-goma-008