Ejerciendo mi profesión, observando los espacios de mi despacho y respirando el ambiente que se vive en un taller, del que salen proyectos de arquitectura; se me presentan las imágenes de una época de mesas o tableros inclinados, trazadoras de paralelas, compases, reglas, afiladores de minas, tinta y papel de calco. Ambiente de tablero y máquina de escribir, papel carbón y copiadoras de planos de amoníaco, que excitaba los lacrimales y mucosas de aquél al que le tocaba poner o quitar el papel amarillo del armario.

….Tiempos aquellos en los que toda la máquina de arquitectura funcionaba con la mina de un lápiz afilado, en manos de un creador, ilusionista, visionario y conceptor de espacios y formas. Un volumen, una sombra, la perspectiva de un rincón, un detalle de una barandilla o una reja de forja. Hoy día, ese taller ha experimentado una variación substancial que comienza porque, desaparecieron los tableros inclinados para obtener plataformas planas llenas de aparatos, los instrumentos de dibujo ya no se necesitan, el plano es la pantalla del ordenador, la regla y el compás es un teclado y la mano del creador, teclea, mueve y “cliquea” el ratón.
Un “plotter” o máquina de dibujar; recibiendo una orden electrónica y, sin que nadie sepa bien porqué; empieza a recorrer frenéticamente el papel, previamente ensartado en un rollo, dibujando todo aquello que, un dedo, una tecla y un conjunto de artilugios y cosas de plástico, metal y cristal, le ordenan……….Curioso y enigmático.

La ciencia y la técnica son la locura de la evolución…… Y está bien. Los proyectos se presentan en un CD, se transmiten por E-Mail, no se enseñan sino que se proyectan en pantalla; se plotean si se necesitan, las administraciones e interesados los piden en soporte informático pues no abulta y se archiva fácilmente, y ; hasta el Colegio de Arquitectos, que ya no alcanza a sellarlos ni en el visado; en breve, intuyo que dará su visto bueno en clave informática.

También está bien, pues no corren tiempos como para perder el tiempo a la antigua.
…..Pero…. ¿ Y la Arquitectura ¿. Todos los artilugios, que ahora no se usan, necesitaban unas manos que supieran dibujar y, hoy día todas las teclas que se tocan ya no exigen eso. Sí que la creatividad e imaginación es la misma, pero la forma de plasmarla no; y entonces, el resultado no es el mismo y la realidad tampoco.
Veo en muchos de los edificios muy recientes, la huella inequívoca de la imagen de ordenador, e invito a los pacientes e ingenuos que lean éstas líneas, a analizar el escenario de las zonas más modernas de la ciudad. Sencillamente verán buena arquitectura, cuando lo sea, de ordenador; idéntica a la imagen virtual de los carteles anunciadores de venta de pisos; a la que siempre le falta aquella componente esencial y olvidada………¡ El ser humano ¡….. La gracia , la anécdota, aquella pequeña locura que convierte lo virtual en algo entrañable y próximo.

Lo cierto es que, hay hoy en día pocos arquitectos que puedan o sepan, lápiz en mano; explicar su proyecto, dar una perspectiva de un rincón, plasmar un ambiente o trazar el aspecto de un volumen detrás de un árbol y un pequeño jardín; sin tener que recurrir a las máquinas de dibujar. Y lo que afirmo, lo saben tanto los arquitectos que tienen estudiantes , eventuales o fijos, en prácticas en sus despachos; como los propios estudiantes que, muy a su pesar, no consiguen en un papel, plasmar el torrente de ideas, formas y ambientes que su creatividad les aporta.
He dicho ya algunas veces que vuelvo de muchas cosas, la vida me ha vapuleado lo suficiente y, hasta me han crujido las costillas algunos denominados compañeros de profesión; espero ya pocos favores y no pienso ni necesito medrar o implorar para mejor merecer. Creo que puedo decir que, en muchos casos – más de los que quisiera- veo en la arquitectura, el gesto y maneras del ordenador, por encima de la traza, el genio y el ingenio de la persona-arquitecto.

Cuidemos un poco el resultado de nuestra creatividad pues la arquitectura, la imagen de la ciudad, el marco de nuestra convivencia y entorno ambiental y, lo que conceptualmente sería el “ hábitat- humano “ ;  merecen mayor dedicación y, sobre todo una gran dosis de sensibilidad. No quisiera pasear por una ciudad virtual, con perspectivas animadas, fachadas impresas en color, árboles y mobiliario urbano insertados artificialmente, personas estáticas de tebeo y recortable, silencios, y colores escogidos entre aquellos que tiene disponibles el programa de dibujo de turno.

No quisiera encontrarme en el dilema de averiguar, en qué lado de la pantalla estoy.