Hasta hace pocas fechas no acostumbraba a manifestar públicamente mis opiniones sobre temas sociales o que tuvieran relación con la política consecuentemente con mi entonces responsabilidad  con la neutralidad y la independencia,  pero ahora estoy suficientemente liberado como para plantear reflexiones  acerca del mundo que nos rodea y al que estamos condenados a compartir;  y quisiera hoy hacerlo en relación a los innumerables indignados y por tanto  la numerosa cantidad de indignaciones.

Las indignaciones desde el punto de vista económico, deshaucios, estafas preferentes, negligencia bancaria, extorsión a los sufridos ahorradores, primas y blindajes directivos millonarios y tántas cosas más;  afectan a millones de ciudadanos que se manifiestan indignados,  reclamando sus ahorros,  implorando perdón a la morosidad y solicitando cabezas y cabelleras engominadas,  por tantos desmanes.

Es cierto que hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades,  que deslumbrados por una falsa riqueza y opulencia,  hemos exigido y tenido lo que no podíamos tener ni mantener y,  en parte nos merecemos esto;  pero la banca no puede tener perdón de Dios pues sus dirigentes sí son economistas,  tienen hilo directo con los focos mundiales del poder económico y sabían perfectamente el enorme agujero negro que conscientemente estaban provocando.  A ellos no les iba el sueldo y los ahorros,  ni el coche oficial ni las corbatas Hermés.  Hemos pagado nosotros el pato y ellos simplemente han cerrado el grifo y tintado el parabrís de oscuro en su coche oficial.  Ahí tenemos centenares de miles de indignados clamando en la calle con pancartas y cacerolas sin obtener más que audiencia en los medios y victorias pírricas en algunos casos gracias al poder judicial.

Otro conjunto de indignaciones se concretan con los recortes.  Una vez más,  en inversiones nos hemos salido del escenario;  obras faraónicas,  inútiles infraestructuras o más administraciones públicas de las que admite el país con innumerables funcionarios para atender oficinas vacías de contenido y un ejército de asesores,  cargos,  altos cargos,  semicargos y bedeles vestidos de uniforme.  Nos engañaron al no querer ver primero y mentirnos después  acerca de la enorme tormenta que se veía venir y que todo el mundo alertaba.  Y llegó.  Nos pilló con los pantalones bajados  y la sonrisa del idiota.  Claro,  ahora hay que coger las tijeras y como nos pasó a los que hicimos la mili,  nos han cortado el pelo al cero, con un chusco de pan en la mano y el uniforme para todos.  Sanidad,  salarios,  mercado laboral,  despidos masivos,  cierre de empresas y negocios familiares y;  por supuesto nula inversión pública.  Imposiciones de todo tipo,  subida de tarifas y un largo etcétera,  aunque no me conste que las tijeras hayan alcanzado de nuevo a las doradas cabelleras de sus señorías y a toda la tropa de asesores y cargos de confianza del país.   Más indignados,  más pancartas,  más cacerolas,  más noticias  y más nada.

Seguimos con las otras indignaciones y miles de indignados en materia de educación.  Nuevos recortes,  nueva ley,  cierre de compuertas en becas,  Erasmus,  materias troncales,  horas lectivas,  horas de idiomas oficiales,  permisividad,  disciplina y otro largo etcétera.  Lo cierto es que en ésta indignación,  los indignados coinciden en ser todos,  desde el profesorado hasta el alumnado,  menos los niños que todavía no saben escribir pancartas y los adolescentes cuyo único problema es controlar sus nacientes y carnosas hormonas.

Gran indignación general pero andamos a la cola del mundo en excelencia educativa y resultados del sistema que hemos tenido.  Nuestros jóvenes en general creen  que Brahms puede ser el próximo fichaje del Real  Madrid,  si han oído hablar de Victor Hugo  no saben si situarlo en el mundo romano o el renacimiento y Don Quijote  era una película con un tipo estrafalario y simpático.  Y en cuanto al tema de idiomas,  el drama es monumental y muy preocupante pues es excepcional encontrar alguien en el país,  hijo de gente normal del país que chapurree algo de otros idiomas que no sean el conjunto de los cooficiales decretados.  De nuevo solo los hijos de extranjeros o los privilegiados a los que se les ha podido pagar estudios fuera del país o en los colegios de élite,  pueden defenderse sin problemas por el mundo.

Todo un éxito pero aquí seguimos a la greña.  Más manifestaciones,  más pancartas,  más caceroladas y más nada.

Qué podemos decir de la dramática y nunca mejor dicho sangrante indignación por la liberación de presos convictos de terrorismo, crímenes y violaciones que tanto daño han hecho y tanta sangre han derramado;  que ahora por una resolución internacional,  han tenido la puerta abierta para salir de la cárcel injustamente liberados para mayor sufrimiento de las víctimas y familiares de tantas personas sacrificadas y torturadas.  Nuestro ridículo sistema penal lleno de permisividad y buenismo tuvo que corregirse a trancas y barrancas,  parcheando y maquillando con chapa y pintura,  pues quizás los criminales y asesinos debían considerarse pobres infelices víctimas de una sociedad injusta.  Una aplicación doctrinal determinada  corregía en parte el desaguisado,  que ahora nos anulan desde Europa y ;  todos a la calle  a vivir y quién sabe si a seguir violando y matando.  Solo faltaría  que los convirtiéramos en famosos de nuestra tele-basura o en asiduos tertulianos en los medios.

De nuevo cientos de miles de indignados,  víctimas y gente en defensa de la honorabilidad de tantas familias afectadas,  clamando por la justicia sin que el poder judicial sea capaz de resolver.  Todo esto en un país  que condena por tocar el piano,  circular deprisa o engañar para poder comer,  mientras que estafadores millonarios conocidos por todos pasean libremente por las calles o de compras en El Corte Inglés,  como personalmente tuve la oportunidad de observar.

Más gente a la calle,  más pancartas,  más gritos,  más cacerolas y finalmente  más nada.

Cabe mencionar también la indignación sobre la ecología y medio natural,  el despilfarro energético de combustibles altamente contaminantes y nocivos residuos para la salud humana.  Para empezar en un país sin gas ni petróleo pero sobrado de sol y viento,  todavía no hemos sido capaces de legislar eficazmente sobre el uso de energías alternativas y limpias.  Se han vetado y criminalizado los parques eólicos,  es inalcanzable para los bolsillos normales el aprovechamiento privado de la energía solar,  la energía fotovoltaica no interesa y los científicos,  ni saben ni contestan.  Tampoco nadie sabe nada de geotermia y tratamiento de residuos.  Todo ello por supuesto para garantizar el negocio y subsistencia de las pobres y entregadas distribuidoras oficiales de carburantes y energía eléctrica,  que mantienen bien vivos los monopolios y privilegios,  aunque al menos  hayan tenido la sensibilidad y delicadeza de incorporar en sus consejos de administración a expresidentes de gobierno y exaltos cargos. En fin,  es lo que hay, y mientras la gente no puede pagar el recibo de la luz y el gas,  se sigue generando basura a espuertas y tenemos total impunidad en el cumplimiento de las normativas de reciclaje y depósito selectivo de residuos domésticos.

Y no hablemos de la contaminación de las aguas puesto que aunque hemos mejorado en el tratamiento de los ríos y vertidos tóxicos,  mantenemos en el mar una vergonzosa tolerancia en contaminación.  Se da la paradoja que nuestra legislación,  en pequeñas embarcaciones familiares de recreo, sanciona deposiciones orgánicas al mar,  siendo de lo más común que los grandes buques de carga y petroleros,  vacíen sus grasientas panzas limpiando sus sentinas de todos sus productos químicos y tóxicos .  Indignada la gente grita  “nunca mais” intentando impedir la contaminación y la cruel depredación de los atunes rojos del mediterráneo  a mayor gloria del pueblo nipón.

Volvamos pues a la calle con pancartas, silbatos y cacerolas para intentar conseguir más nada.

Total.  Nada de nada.