¡ Cómo pasa el tiempo!. Posiblemente hace ya más de veinte años hablábamos de corredores europeos en las Jornadas de Urbanismo de la Seu d’Urgell, firmando protocolos entre ciudades que suscribían esas intenciones, publicando estudios y estadísticas desde los foros profesionales, etc. Cuántos artículos de opinión escribí y se publicaron, denunciando que los ejes Norte-Sur europeos se hallaban al punto del colapso general; cómo con la incorporación del tránsito pesado de los países del Este, se convertían las autopistas en un tren de camiones circulando sin interrupción de espacio a lo largo de varios centenares de quilómetros de las grandes arterias francesas o alemanas. Recuerdo además haber presentado en público más de una ponencia reflexión en relación a los corredores ferroviarios, como la única solución eficaz y alternativa al flujo de transporte por carretera con el peligro de colapso que comporta a poco que se produjera un accidente; paralizando en toda Europa irremisiblemente la actividad comercial con productos frágiles o perecederos. Hasta llegué a la petición pública y personal, a la entonces Comisaria Europea de Transportes, Sra. Loyola de Palacio, que en paz descanse, para el estudio global de una iniciativa que bien pudiera representar la solución transeuropea del comercio y transporte en general, con un costo asumible por la Comunidad.

Creía entonces y continuo creyendo hoy, más de veinte años después que, sin duda, representa la solución más inmediata, aunque no definitiva, para las comunicaciones y el transporte europeo y su conexión con África; pero debo suponer que Europa es muy grande, con muchas inteligencias pensantes pero muy poca capacidad de movimiento y una inercia tan pesada que impide a la máquina empezar a rodar.
Pues bien; se nos anuncia tantos y tantos años después que, finalmente Europa cree ya en un corredor y apuesta definitivamente por el denominado mediterráneo , con estudios de alcance territorial, presupuestario, plazos de ejecución, entrada en servicio, etc. Entonces es cuando uno piensa la velocidad con que pasa la vida y la lentitud con la que se toman decisiones.

Supongo que es como en todo, pero no deja de ser frustrante pensar que cosas que se forjaron en nuestra mente en la juventud, posiblemente ya no podamos verlas realizadas por los propios ciclos naturales. Quizás deberíamos vivir doscientos años para ver alcanzados nuestros anhelos, o posiblemente y al contrario, los seres humanos debamos simplemente dejar pasar el tiempo que la vida nos concede, intentando sobrevivir al día a día, asumiendo la evolución de la tecnología disciplinar del GPS, culpando de todo a la crisis y los políticos y, finalmente enchufados a Gol TV que ofrece entretenimiento total sin nada exigir a cambio más que la cuota.
Vamos mejorando de forma notable los tratamientos del cáncer, ya no hay límites en las comunicaciones con la irrupción de las redes sociales, todos disfrutamos peligrosos artefactos telefónicos que nos sirven y esclavizan por igual, televisiones de última generación, el hambre de una tercera parte de la población mundial nos queda lejos y; así nos va pasando la vida.

El anuncio a bombo y platillo del corredor con toda la cantidad de presidentes de todos los territorios por los que se supone que debe transcurrir, ministros, comisarios y finalmente candidatos a la sucesión de todos ellos; quizás ha provocado en mi la necesidad de escribir éstas reflexiones, aunque solo sea para que no se pierda la memoria de todos esos años en que algunos ya hablábamos de ello.
Claro que sigue siendo vigente el “más vale tarde que nunca” pero entretanto nos hemos llenado de canas y arrugas, nuestro horizonte de vida se va aproximando y debemos asumir que aquellas cosas con las que soñamos desde hace mucho tiempo, quizás puedan disfrutarlas nuestros nietos.

Ahora entretanto andamos distraídos calculando la población que se verá beneficiada, los ahorros en tiempo y costos y donde habrá que ubicar los numerosos centros de apoyo logístico necesarios. Buen ejercicio para los arquitectos y urbanistas con lejano horizonte pues a los de mi generación creo que ya nos llega tarde.

Cabe aplaudir en cualquier caso que se inicie el camino con determinación pues ese corredor representará un factor de unificación territorial entre estados, naciones, regiones, comunidades y demás conceptos fronterizos. Escandinavia y las repúblicas bálticas, los landers alemanes, los departamentos franceses y las comunidades autónomas españolas, se verán enlazadas sin limitación alguna y, estoy convencido que será una buena ocasión para sentirnos una única comunidad europea potente, para hacer frente al gigante americano o a las enormes emergencias orientales. Y me gustaría vivir lo suficiente para comprobar si ésta reflexión es acertada, pues si no lo fuera, posiblemente para mi , ya daría igual.