Hace pocos días dentro del calendario de dias dedicados a conceptos y demás, celebramos el Día Internacional de los Derechos de la Mujer y ésta sociedad que hemos creado debería, de entrada, avergonzarse de una celebración que pretende defender, reivindicar y concienciar a la gente, de la condición femenina, su discriminación y marginación y; lo que es peor, su sometimiento e indefensión ante la violencia llamada “de género”.
Que a éstas alturas de la evolución tengamos que estar todavía defendiendonos de machismos cavernícolas o esclavitudes medievales, debería parecernos sencillamente intolerable; pero, heme aquí escribiendo ésta opinión para entrar humildemente en las conciencias de los lectores e invitandoles a una reflexión acerca de un problema de alarmantes proporciones del que cada día informan los medios de comunicación puesto que representa un elevado índice de mortalidad y un más que superior porcentaje de siniestralidad. Macabros asesinatos, violentas agresiones, amenazas, dolor y pánico de las víctimas es nuestro cotidiano, sin que la justicia, por el momento, sea capaz de agilizar juicios, condenas, encarcelamientos o alejamientos obligados.

Las relaciones humanas de pareja son, muchas veces, complejas pues se hallan sometidas y afectan a sentimientos, sexo, celos, rivalidades,etc. cuyos síntomas y consecuencias son imposibles de codificar ni controlar por medios legislativos o formulas matemáticas; por lo que permanecen incontrolables en los fondos de la mente y desatan reacciones del corazón, de la sinrazón , de la inconciencia y de la locura. Es quizás por ello que vence el primitivismo a la evolución y la violencia desatada a la cordura; pero es muy cierto que un acto de agresión, a la escala que sea, va siempre precedido de alteraciones de convivencia, de patologías y desequilibrios conocidos y declarados de los individuos, de amenazas y ofensas previas y continuadas. Y en todo eso sí es posible la prevención y el control, aunque para ello deba confiarse en la valentía de las mujeres afectadas, familiares, amigos o vecinos que, normalmente son conocedores de situaciones anómalas de pareja o família.

La solidaridad social y de sus estructuras, debería permitir la prevención, la denuncia individual y/o de terceros, la protección policial y la seguridad jurídica con respuestas inmediatas y con ello, con notables garantías, podría evitarse un gran porcentaje de agresiones de todo tipo.

Siempre he mantenido que los fenómenos delictivos, ya sean terroristas, contra la propiedad, derivados del narcotráfico o de violencia social, son posibles porque los entornos próximos a los protagonistas, delincuentes y asesinos, así lo permiten o admiten por acción u omisión. De la misma forma pues, las acciones de violencia de género, agresiones y maltratos; disponen de un entorno que en mayor o menor medida conoce los problemas de fondo de una pareja o familia, ya sea por amistades, comentarios, ruidos, escuchas, etc. No es que pueda necesariamente certificarse ésta afirmación ni mucho menos, culpabilizar a esos entornos de cobardía o ocultación, pero cuando los medios de comunicación entrevistan a familiares y amigos de las victimas, después de cometido el delito; los entrevistados afirman haber oído gritos, golpes, amenazas y agresiones físicas constantes. A excepción de acciones imprevisibles o de condiciones habitacionales aisladas, los entornos sociales del barrio, la calle o la urbanización donde se producen los hechos, conforman siempre un vecindario que conoce y comenta chafarderías y chascarrillos, cotilleos y secretos a voces; y eso sí puede representar una gran ayuda para la detecciòn de posibles actos violentos.

Es imperdonable para la sociedad, admitir que existan mujeres aterrorizadas y arrinconadas en su propio sufrimiento, sin saber por dónde, cómo o cuándo las abordará su agresor, con la gravísima alteración del estado psíquico y traumático que ello comporta.

Hoy día, después de años de lucha por la integración, vamos ya consiguiendo un mejor equilibrio laboral, salarial y de participación política y social de la mujer, aunque nos quede todavía camino por andar; por tanto en esa faceta de los derechos de las personas se está trabajando sin descanso; pero en los aspectos del derecho a la libertad, seguridad y respeto de género, solo estamos empezando a duras penas, mientras asistimos al cruel y vergonzoso espectáculo de la cuantificación de víctimas, que incluso en algunos casos habían anunciado su propia muerte en televisión.

Exijamos por tanto en colectividad que, políticos, legisladores y fuerzas de seguridad, adopten de forma urgente las medidas oportunas; así como exijámonos personalmente el deber y voluntad de denunciar cualquier sospecha y, si es posible atajar y prevenir futuras agresiones.

¿ No aplicamos medidas de prevención en la salud, en los riesgos laborales, en incendios y catástrofes, en la seguridad vial etc.? Pues si ya sabemos como se hace, apliquemos también la prevención en la violencia de género y con seguridad podremos evitar un gran porcentaje de agresiones.