Mariano Gomà Otero, presidente de Creu Roja Lleida

Las Naciones Unidas designaron el 5 de diciembre como Día Internacional de los Voluntarios para celebrar los esfuerzos de quienes contribuyen significativamente a la acción social, ofreciendo su tiempo de

forma voluntaria y, en muchos casos, con gran dedicación personal. Desde entonces, la mayoría de los países del mundo aprovechan éste día para agradecer a los voluntarios su tarea y estimular una mayor conciencia social.
Y este es el principal objetivo de este artículo: agradecer el esfuerzo de las mujeres y los hombres de Cruz Roja que dedican su tiempo y su energía a ayudar a las personas que más lo necesitan.

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Pero hay un segundo objetivo, no menos importante: animar a la gente, en la medida de sus posibilidades, a formar parte de la magnífica familia del voluntariado. Sepan de antemano que serán muy bien recibidos y que, sin duda, vivirán una experiencia vital imborrable.

Cruz Roja es una de las organizaciones que integra el mayor número de voluntarios. En nuestro país más de 210.000 voluntarios y voluntarias que ofrecen su tiempo y esfuerzo al cumplimiento de su actividad dentro de la organización. En Lleida somos unos 1.700 que aunque no se nos vea, ahí estamos.

Tal dedicación voluntaria permite realizar un conjunto de actividades y de acciones de inclusión que no serían viables sin la aportación de los voluntarios y voluntarias. Sin embargo, la situación de crisis implica que se produzcan demandas emergentes, por lo que ahora, más que nunca, se hace necesaria una mayor incorporación de voluntarios y voluntarias a nuestra organización.

Ante esta situación, las personas voluntarias son nuestro principal valor añadido  y Cruz Roja entiende éste valor añadido como el motor para el fomento de la ciudadanía activa y promotor  del desarrollo de los voluntarios en su seno. El voluntariado está en el centro de la organización humanitaria pues así nació Cruz Roja y así debe mantenerse y afrontar el futuro sin caer en las redes de la empresa de servicios que nos alejarían de ser lo que somos.

Es altamente importante que en Cruz Roja redoblemos nuestros esfuerzos en hacer una labor pedagógica centrada en compartir detenidamente cómo los voluntarios y voluntarias pueden contribuir al bienestar de un país, a la vez que promueven la cohesión y la inclusión social. Eso implica. compartir y ayudar a los demás, y de esta forma desarrolla la solidaridad.

Las actividades voluntarias, por tanto, incrementan la tolerancia de las personas con los grupos desfavorecidos de la sociedad y reducen el racismo y los prejuicios.

Además, como indica la Unión Europea, el voluntariado ha sido reconocido como una forma de ofrecer nuevas oportunidades de aprendizaje para los ciudadanos mayores y las personas con discapacidad, dándoles la posibilidad de ayudar a conformar nuestras sociedades. Al mismo tiempo, las actividades voluntarias pueden mejorar el entendimiento entre distintas generaciones, ya que los jóvenes y los mayores trabajan codo con codo y se apoyan unos a otros.

A nivel individual, el voluntariado puede resultar un medio para que los ciudadanos adquieran habilidades sociales, desempeñen un papel útil y conecten o reconecten con la sociedad. A nivel social, puede ser una herramienta para la capacitación de las personas, especialmente de los grupos desfavorecidos de la sociedad.

El voluntariado es, por tanto, un medio inmejorable para prevenir y aliviar el sufrimiento de los seres humanos en todas las circunstancias, y con mayor énfasis en la situación de crisis que estamos viviendo. Cruz Roja tiende a proteger la vida y la salud, así como a hacer respetar a la persona humana favoreciendo la comprensión mútua, la amistad, la cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos.

En mi opinión, el egoísmo, la incomunicación, el mirar hacia otro lado o el correr un tupido velo ante tanto drama social, nos permite quizás subsistir y seguir andando el camino amparados en “aquello no va conmigo o me pilla muy lejos”, pero cuando le vemos las orejas al lobo o nos posee el terror, ya sea natural o provocado, la condición humana resurge de nuestras entrañas dispuesta a ayudar en lo que sea.

Esa es nuestra grandeza y nuestra tragedia, pues casi siempre es necesario que el drama nos abrace para demostrar nuestra grandeza como seres humanos. Por tanto, es de admirar el voluntariado como concepto y aquellas personas anónimas pero presentes que se ofrecen para lo que se necesite, que aparecen de forma incondicional acudiendo a cualquier lugar con las manos abiertas y ofrecidas. Deberíamos aprender de esa gente sin edad ni condición, que con alegría contagiosa y desbordante ofrece su tiempo, o parte de él, para la solidaridad dirigida a personas necesitadas o a causas humanitarias. Nuestra sociedad no concibe colectivos sin base y ese segmento, sano y generoso que ama a los demás, a la vida, y, por simple simpatía, a sí mismo, representa el cimiento y soporte de una humanidad atrapada y desconcertada por su propia evolución sin control.

Veo y vivo en mi actual responsabilidad la necesidad cada vez mayor del voluntariado, bromeando con la vejez, animando al desamparo o acompañando a la soledad. Y en ese ambiente, cada día más, todos deberíamos querer y poder ser voluntarios, cada cual en la medida de sus aptitudes y posibilidades, regalando a la sociedad un ejército de buena gente cuya única misión es sumar voluntades para que brote una sonrisa o renazca la alegría, con aquella mirada tan especial que brinda la gratitud.

A veces, al releer mis artículos de opinión, pienso que caigo en el romanticismo reiterativo de un humanismo empírico próximo a las teorías “rousseaunianas”, pero me basta ver un telediario o leer la prensa diaria para darme cuenta que para insultar, criticar, atacar y morderse la yugular, hay cola. Entonces me sosiega pensar que a ese juego no quiero jugar, que voy bien por donde voy y que es bueno que algunos vayamos a favor de las personas aunque a veces represente clamar en el desierto. Por ello, desde estas líneas, animo a toda aquella persona interesada que acuda a informarse en la oficina de Cruz Roja más cercana y allí descubrirá la cantidad de proyectos de ayuda en los que podrá colaborar. Todo aquel que participe comprobará que su esfuerzo es fundamental para continuar moviendo el engranaje de la acción humanitaria. Por lo tanto, me atrevo a proponer desde éste articulo que toda aquella persona que se sienta sensibilizada y piense que en alguna cosa tengo razón,  participe  en nuestro movimiento sean cuales sean sus posibilidades.