En mis hábitos, heredados o adquiridos con el tiempo, nunca ha estado la participación en juegos de azar o suerte, en timbas, embites, quinielas o compra de boletos. Ni siquiera me atrajeron, en época infantil, las tómbolas de las ferias, pués mi ilusión se saturaba con los “autos de choque” y el tren “chu-chu”.
Respeto por supuesto su existencia y, sobre todo, creo en la bondad y beneficio global de Loterías, Bonolotos y demás inventos cuyo objetivo es rellenar las arcas del Estado y Administraciones con la fe y esperanza de la gente en el brillante y sabroso tintineo de la fortuna. Es bueno generar ilusión y alegrarse después de la exultante felicidad de los afortunados mientras que, mirando nuestro boleto pensamos…..¡Otra vez será!.

El sagaz y brillante Conde de Floridablanca, valído del rey Carlos III, inventó, aplicó y demostró que el juego de la Lotería representaba un alegre beneficio compartido entre Administrador y Administrado. Bravo.
Ahora, con la pluma y el papel en la mano, desde el profundo respeto y aplauso a éste tipo de juego me pregunto…¿ Qué diántre hago yo escribiendo éste artículo.? Pero es que creo que, como cada año, y van 25; el Sorteo del Oro que organiza Cruz Roja, sí merece una reflexión y una llamada a la cooperación social desde ésta modesta tribuna.

Quizás el sorteo de Cruz Roja es de los pocos cuyo objetivo es la recaudación de fondos para mantener actividades hacia colectivos vulnerables y programas de ayuda solidaria a quienes más lo necesitan. Bien vale pués la pena compartir la ilusión de la gente en sus esperanzas de fortuna, con la ayuda al necesitado, voluntaria y solidaria.

Cuando se vive de cerca la bondad del voluntariado que cambia su entrega por una sonrisa, y se observa la actividad desenfadada de aquellos jóvenes, alegres y activos; bromeando con la vejez, animando al desamparo, sosteniendo la incapacidad o acompañando la soledad; todos deberíamos querer y poder ser voluntarios, cada cual a la medida de sus aptitudes y posibilidades, sin dar la espalda o actuar con disimulo girando distraídamente la cabeza, ante esa cruda realidad social. No es necesaria la llamada al reclutamiento general para los ejércitos de Cruz Roja, pués ni es bueno ni es la época pero; cuántas cosas de más se podrían hacer por los demás con mayores y mejores recursos, en manos de buena gente cuya única misión es sumar voluntades para que brote una sonrisa o nazca la alegría, con aquella mirada tan especial que brinda la gratitud.

Y a ello, todos podemos contribuir tan solo con un boleto que, pudiera ser millonario pero; que, bien poco puede importar pués el destello del oro no puede compararse con el brillo de los ojos de un niño buscando una referencia, ni el color del dinero con el de una piel necesitada. Es simplemente la ilusión con los demás aportando nuestra propia alegría y una pequeña aportación para sentir la Institución, cuyo símbolo siempre está allá donde se necesita, como un poco nuestra.

Bendito destino pués el de unos fondos de un juego de fortuna al que, desde éste humilde y sincero artículo de opinión invito a la complicidad del lector. Tan solo transmitiendo una pequeña dosis de sensibilidad, Cruz Roja se sentirá más que satisfecha en su misión humanitaria.

Y yo que me preguntaba porqué escribía todo esto; a medida que se ha ido desgranando mi reflexión, no tan solo no me arrepiento, sino que me llena de satisfacción haberlo escrito.