En el momento que se produce un hecho que, por su grado de actualidad, interés o nivel de polémica, provoca una gran difusión en los medios de comunicación con editoriales, declaraciones y entrevistas; la prudencia suele ser buena consejera, pues frecuentemente se magnifican las afecciones, se emiten frívolos juicios, se demoniza el pecado y se condena sin más. Además, si el tema afecta a la sensibilidad del ciudadano como es la inmigración y los oscuros caminos del reclamo en países de origen, el delictivo transporte de seres humanos en pateras o barcos negreros, el cruel desembarco para aquellos que han sobrevivido y la posterior dispersión, traslado o repatriación desde el país de destino; cualquier error, anomalía o denuncia, destapa la caja de los truenos, que cada cual aprovecha en su propio interés.

Cruz Roja, ante los acontecimientos de días pasados, en que se acusó a la Institución de sufragar algunos traslados de inmigrantes desde Algeciras y Madrid, hasta nuestra vecina población de Alcarrás, entre muchas otras personas; consecuentemente con sus principios fundamentales e Humanidad, Imparcialidad, Neutralidad e Independencia; ha mantenido la necesaria reserva en tanto no se conocieran los detalles de la denuncia. No obstante sí se reconoció, de forma inmediata, que en un reducido número de casos se costearon transportes tras la acreditación de encuentros con familiares o conocidos en destino, sin la conciencia de presuntos engaños y, posiblemente se actuó cándidamente ante la actual facilidad para obtener fotocopias de dudosos apadrinamientos.

La Institución se ha visto involucrada pues en una triste descoordinación entre estamentos que lamentablemente es y será un grave problema, en tanto no se regule legislativamente la inmigración y sus condiciones. Así mismo, con independencia de las técnicas jurídicas, mercado laboral fijo o temporal, aspectos de interés económico para productores y adopción de las necesarias medidas para el asentamiento y protección de toda esa gente; Cruz Roja, el Derecho Internacional Humanitario y la defensa de la dignidad humana, requieren una decidida y constante intervención, aunque alguna vez se produzca alguna anomalía o error, sin que por ello deba ponerse en cuestión una inmensa labor, que no tiene fronteras y que realizan miles y miles de buenas personas voluntarias que tienden sus manos abiertas a los más necesitados, vengan de donde vengan, sin distinciones de razas, colores, religiones o doctrinas políticas. Es decir, el desinterés por definición y convicción.

Al margen de los hechos de Alcarrás, el mundo sigue viendo el símbolo de Cruz Roja allá donde hay muerte, miseria, desolación y desamparo. Las voluntarias y voluntarios continúan vigilando las playas abarrotadas de bañistas, asistiendo a la ancianidad con programas de comida sobre ruedas y combatiendo la soledad de la gente; organizando asentamientos de emergencia, acudiendo a cualquier alarma y, sobre todo no dando jamás la espalda al drama del ser humano.

Salvo casi nulas excepciones, el tratamiento informativo general del asunto, con las críticas correspondientes; ha representado también un ejemplo de prudencia pues, cualquiera debe y puede entender que, no es justo ni positivo poner en tela de juicio la bondad y eficacia de Cruz Roja, que tantas veces se encuentra bajo el fuego cruzado en el campo de batalla, por intereses políticos, económicos o religiosos y que, bastante energía necesita para mantener limpias sus manos de sangre y de polvo.

La ayuda humanitaria y su universalidad puede, a veces, entrar en conflicto con intereses de Estado aún cuando no exista intencionalidad alguna de intromisión, lo cual es fácilmente superable con adecuados programas de coordinación. Actualmente Cruz Roja mantiene convenios de colaboración con Ayuntamientos, Diputaciones, Gobiernos Autónomos, Gobiernos Centrales y Estamentos e Instituciones Internacionales, constatandose, precisamente por ello la eficacia en el cumplimiento de obligaciones y compromisos adquiridos y la satisfacción por el ejercicio del deber de solidaridad.

Cabe pues plantearse , conocido el problema existente con la inmigración de temporeros sin papeles en nuestras tierras, la creación de un equipo e trabajo con representación de administraciones y organismos afectados que, independientemente de la propia legislación, estudie las capacidades de absorción, necesidades y demanda, frente a la oferta y masiva afluencia de gente a la que después no podemos atender más que con unidades de emergencia asentamientos eventuales. Si con la debida coordinación somos capaces de conseguir que no se repitan situaciones de desequilibrio como la denunciada, habremos resuelto el problema, no de los quince traslados de Cruz Roja sino el de centenares de personas llegados por otros medios desconocidos y de dudosa financiación.

Con la seguridad de salvar los obstáculos del camino, manteniendo intactos los firmes propósitos de cooperación, manifestando abiertamente la confianza y admiración por la labor de voluntariado, la sociedad en general debe apostar por aquellas organizaciones que, muchas veces dan más de lo que tienen intentando no descuidar ningún frente que reclame su presencia. Las dificultades, lejos de alimentar el desánimo y la inquietud, deben representar el impulso necesario para ser más y mejores y las personas sentir la seguridad de que siempre estará Cruz Roja.