DE ROMANTICISMOS.

 

 

Hay ocasiones en que una de esas cenas de obligación y protocolo que organizan instituciones benéficas y altruistas,  no sé bien porqué,  en vez de ser un pasatiempo en su planteamiento o en muchos casos una verdadera pesadez en la que hay que aguantar a los vecinos que te tocan o que alguien te ha asignado,  de igual forma que ellos dicen lo mismo de los demás;  se convierte en una inesperada sorpresa de sencilla calidad y seductores momentos que no solo ofrecen un toque de felicidad a nuestras vidas sino que además nos hacen creer otra vez en esos actos de la comunidad en los que la gente se encuentra y se comunica de alguna manera.

En la ocasión a que me refiero,  un sencillo dúo musical conformado por una cantante y un guitarrista,  de forma natural,  con pocas pretensiones estelares y una muy alta dosis de proximidad y cariño,  desgranaron un repertorio de canciones de todos conocidas,  que no solo sedujeron al público sino que nos hicieron vibrar por recuerdos y nostalgias de las que hoy día andamos muy necesitados.  A mí personalmente,  que confieso haber hecho mis pinitos,  la música y la interpretación siempre ha representado una importante asignatura pendiente¸ por lo que el momento me provocó un efecto inmediato para tomar mi inseparable estilográfica y escribir sentimientos que surgían directamente del corazón.

Al oír una canción como  “What a wonderful day” de conocimiento mundial y que empezando por Louis Amstrong y después miles de interpretes  la han paseado por todo el planeta;  al igual que nuestra querida canción de Serrat  “Paraules d’amor”  que hemos convertido con razón en un himno a nuestra sensibilidad inoculada por un poeta y músico que ha traducido nuestras más profundas sensibilidades a poesía pura,  ya sea en catalán o en castellano;  me invadió un sentimiento tan universal,  sin fronteras y en el que solo cabe el corazón y el poder que nuestra condición humana tiene,  que llevó mi pluma a escribir literalmente  “ Porqué tanta bronca si el mundo que nos alquila el espacio donde vivimos no nos exige siquiera que lo cuidemos.  ¿ Y qué hacemos nosotros .? Lo matamos lentamente mientras también lentamente nos suicidamos.”

Hubo preciosas canciones en el repertorio, que nos hicieron vibrar porque despertaron nuestros recuerdos de juventud,  amores,  químicas o asignaturas pendientes y,  tengo que reconocer  que personalmente habría dedicado un comentario a las descargas emocionales que en mí se produjeron;  pero una vez más al compás y melodía de una inolvidable  “Time after time”,  mi pluma voló de nuevo sobre el papel impreso del menú para escribir.  “ Cómo podemos falsear el concepto de algo que no quiere decir exactamente que después de un tiempo viene otro,  sino que hay un tiempo para cada cosa y posiblemente ahora y hoy,  pasado lo anterior toca otra.  Replantear, redefinir,  reinventar; porque machacar siempre en lo mismo,  antiguo,  pasado,  pesado y caduco;  no conduce más que a la decadencia.  Ya tenemos delante lo decadente y ahora hay que buscar la novedad y lo auténticamente original.”

Quiero acabar tal y como comencé,  manifestando que hay veces que un acto que aparentemente no ofrece trascendencia alguna,  por una intrusión inesperada de lo auténtico y sencillo en nuestros corazones,  despierta los sentimientos para convertir lo cotidiano en algo extraordinariamente rico y especial.

Yo me congratulo de haber estado allí.

 

Mariano Gomá Otero.

 

(Dedicado a Ingrid Steinhoff y a Josep María Bis en la celebración de sus aniversarios)(2014)