Una vez más el mundo se halla consternado por el trágico terremoto, ésta vez en Haití; otra vez la maldita placa tectónica del Caribe. Restos de ciudades como vertederos de muerte, campos y explanadas sembrados de cadáveres, fosas comunes no deseadas ni producto de crueles genocidios; pero necesarias por simple higiene de seguras epidemias. Desesperación , llanto, hambre y sed.

Y vuelta al despertar de la ya casi olvidada solidaridad mundial desde la última catástrofe. Voluntarios, bomberos, especialistas, sanitarios, material médico, barcos hospital, aviones de alimentos, campamentos y abrigo, agua, medicinas y todo lo que haga falta, que siempre es alarmantemente poco para paliar las primeras y urgentes necesidades. Por tierra, mar y aire, llegan a aquel pais ingentes cantidades de ayuda sin que las infraestructuras de control aeroportuario, marítimo o terrestre, se hallen preparadas para absorber su llegada, transporte y distribución; pues un territorio que ha estado históricamente gobernado por sátrapas e inhumanos dictadores o pseudocaudillos, que han ordeñado los recursos y a sus gentes hasta el vacío absoluto, no puede en caso alguno disponer de la más elemental capacidad de respuesta.

De nuevo podemos ver en televisión cómo vive esa gente, aquella gente que para nosotros se hallan en el lado oscuro, aquél que no se ve ni interesa ver pero que no obstante, representa las dos terceras partes de la población mundial. Los medios nos meten en el salón de nuestras casas la humedad del llanto, el color de la sangre y la peste de la carne destrozada o muerta.

Todo eso que nos enseñan aquí, es lo que ha pasado en otras ocasiones y está pasando hoy allí y, como siempre a los gobiernos, las ONG’s y la sociedad en general, les suena el despertador de la solidaridad para iniciar una nueva cadena de ayuda para aportar, en la medida de las posibilidades de cada cual, un grano de arena que tranquilice las conciencias de la parte humana que llevamos dentro. Por supuesto que es positivo y me emociona pensar que ese despertador es oído por tanta y tanta gente y por eso; los damnificados en primer lugar y aquellas organizaciones que tenemos el honor, la devoción y responsabilidad de conducir tanta bondad hasta ellos, como Cruz Roja y tantas otras; no podemos más que dar las gracias y responderles con eficácia, transparencia y diligencia, convirtiendonos en aquel brazo amigo que tiene la sociedad para abrazar al desamparo y sostener al desvalido.

He dicho en varias ocasiones que es muy lamentable que el mundo descubra su espiritu de solidaridad, en aquellas ocasiones y , casi siempre solo en ellas; en que se produce un cataclismo de efectos masivamente devastadores, y que sería deseable que las organizaciones que están en alerta permanente y en constante actividad voluntaria y solidaria, dispusieran de un espacio y presencia constante, llámese silla o lo que sea, en los estamentos de ámbito planetario y similares, como la ONU. Solo así ese estado de guardia sería una eficaz protección.

Dicen los grandilocuentes mandamientos políticos que los ejércitos no sirven para hacer la guerra sino para preservar la paz o si quienes queremos la paz debemos prepararnos para la guerra…..y es verdad; por ello el mundo debería disponer de poderosos brazos armados de capacidad de ayuda como las ONG’s, con carácter prioritario e indiscutible; precisamente para preservar la capacidad de respuesta ante enormes catástrofes que, se han producido, se producen e, inexorablemente se seguiran produciendo en nuestro maravilloso planeta azul.

Creemos que nos hemos adueñado de una bola de uso ilimitado y lo que es peor; consideramos que con nuestra tecnología y avances científicos; la tenemos dominada, pudiendo permitirnos, por tanto, el lujo de maltratarla y alterar sus equilibrios, con gran preocupación por el calentamiento global o la desaparación de especies animales desprotegidas. Pero esa bola que todo lo admite, que casi nunca se queja, que nos acoge, nos protege y alimenta; de vez en cuando rechista y cuando lo hace; la especie animal que puede estar en peligro es la nuestra.

Gracias a todas y todos por la solidaridad y la bondad que eso manifiesta y ahora……..pongámonos a trabajar.