He sentido una necesidad de escribir de arquitectura y sobre todo para los arquitectos que hoy en día, estamos en las horas más bajas de nuestra historia,  o mejor dicho de la historia del mundo y de su sociedad en constante evolución.  He querido titular además éstas reflexiones,  al igual que en la época romana o renacentista lo hicieron Vitrubio o Palladio,  que de alguna manera definieron nuestra profesión,  formación,  habilidades y consecuentemente nuestras opciones varias de servicio a la sociedad para la que trabajamos.

mariano_goma_otero_003

Que se haya destruido nuestra profesión,  entendida desde el punto de vista clásico al que muchos de los mayores nos aferrábamos y por la que íntimamente suspiraban los jóvenes;  claramente era de esperar pues no podía mantenerse por más tiempo en un mundo en que la especialización y el gran mercado,  requieren equipos multidisciplinares para dar respuestas globales a la actual arquitectura.  Nos ha pillado la ola como cuando el tsunami de Tailandia alcanzó a los despreocupados turistas al sol, o a la sombra de una toldilla bebiendo un coco-loco.  Se veía venir y no lo quisimos ver,  vivíamos en una burbuja semejante al mundo de la fiebre del oro;  nuestras estructuras organizativas profesionales miraban para otro lado, o simplemente de reojo a las parcelas de influencia y poder.  Y dicho sea de paso,  no sé muy bien a qué me recuerda cuando veo nuestro actual día a día social.

Seguíamos siendo los arquitectos con sueños de “star system”, de edificios emblemáticos y supuestamente prestigiosos premios FAD,  sin darle demasiada importancia a la decoración,  restauración,  rehabilitación,  diseño industrial,  actividad pluridisciplinar,  especialidad en estructuras,  instalaciones, geotécnia, luminotécnia,  hidráulica, energía solar,  medio ambiente,  energías alternativas;  y porqué no,  literatura, poesía, dibujo,  artes plásticas,  creatividad en sus infinitas variables;  y un largo etcétera de actividades para las que nuestra formación técnico-humanística,  es de suponer nos había preparado.

Y ahora,  de repente,  la gran depresión,  el caos,  la ruina total de una profesión a la que de un plumazo le han arrancado un montón de pieles de soberbia y vanidad. Hoy,  como en los sueños de las desnudeces del Dante  en los infiernos de la Divina Comedia;  tenemos urgentemente que taparnos ejerciendo nuestra capacidad de diseñar unos castos y humildes harapos para que,  poco a poco, generen una nueva moda para cubrir las vergüenzas.  Y quién sabe si triunfaremos en ello.  Y eso que Coco Chanel nunca estudió estética,  ni composición, ni análisis de formas ni  resistencia de materiales.

Los arquitectos en España hemos vivido un mundo de Alicia en el país de las maravillas,  sin preocuparnos en mirar en perspectiva de gran dimensión,  qué estaba sucediendo en el resto del mundo,  cómo se movían las piezas del caleidoscopio de las profesiones y hacia adonde caminaba la oferta-demanda del promotor-usuario.

Hace escasas semanas visité en Dubai a un joven ingeniero de caminos español que trabajaba para una firma multidisciplinar italiana,  allí instalada y respondiendo a muchos y buenos proyectos;  pero curiosamente el ingeniero tenía responsabilidades de arquitecto en la parte del proyecto que le habían asignado.  Pero días después,  en Muscat-Omán,  me entrevisté con una arquitecta alemana que era vicepresidenta de una firma de ingeniería,  responsable de nuevos proyectos de marinas portuarias deportivas y complejos turísticos en la costa omaní próximos a Yemen o al estrecho de Ormuz.  ¡Curioso!.

Por ese terreno se mueven los destinos de los profesionales de la arquitectura,  y hoy día,  para nada valen las posturas como las que hemos mantenido hasta el momento;  para casi nada valdrá el refugio del funcionariado y las sillas o poltronas de las administraciones públicas;  y los y las arquitectas tendremos que abrir bien nuestro campo de visión,  afinar el objetivo y ventilar los alveolos pulmonares; pero sobre todo creer en nosotros mismos,  en nuestra buena formación y en aquella capacidad que debemos tener para hacer arquitectura social,  arquitectura de la ingeniería, de la empresa,  de la economía,  del derecho,  de la investigación,  del comercio,  del diseño,  del marketing,  de la historia,  de la filosofía,  de la moda,  del buen gusto,  de la educación, del civismo, de la cocina, del textil…… y de un millar de posibilidades más.

Vayamos pués descubriendo esa infinidad de caminos que podemos seguir y recuperaremos básicamente nuestra autoestima,  volveremos a creer en nosotros y en lo que somos capaces de hacer,  dejando de recelar siempre de las competencias que nos usurparon y nos usurpan,  lamentando nuestros perdidos privilegios;  pues no dudo un instante que si nos toca hacer la calle,  la haremos mejor que nadie y serán todos los demás quienes deban ponerse a cubierto.

Y para muestra un botón.  En pocos meses asistiremos a la presentación de un libro de poemas escrito por un arquitecto, ilustrado con dibujos y pinturas de otro arquitecto, que será editado como un proyecto de arquitectura-poesía por una arquitecta y finalmente presentado públicamente por otro arquitecto.

Ese es indudablemente el camino a seguir.

 

Mariano Gomá.

Arquitecto.