CARTA   A   ANGELES   CASO.

 

Apreciada Ángeles Caso:

Leo con asiduidad tus artículos en el Magazine de La Vanguardia y tengo que reconocer que me interesan e incluso algunos de ellos en defensa de lo social y la vulnerabilidad me han parecido valientes y brillantes.  No obstante hace escasas fechas dedicaste uno titulado  “343 asquerosos intelectuales”  que  me pareció absolutamente inadecuado,  simple y hasta frívolo;  por lo cual con todo mi respeto te voy a replicar con mi opinión;  y lo hago en los medios a los que tengo acceso pues sé que La Vanguardia no lo publicará,  o lo hará en espacios residuales,  por la experiencia que tengo.

Basas tu artículo en el mundo de la prostitución y sus usuarios, con mención  a un manifiesto de unos intelectuales franceses criticando el castigo de los clientes de las prostitutas y,  te doy toda la razón en cuanto a  las miserables condiciones en las que están obligadas a ejercer,  engaños,  chantajes,  maltrato y explotación repugnante de personas humanas ,  por parte de mafias desalmadas que deberían estar entre rejas y severamente castigadas,  ellos sí,  por la justicia y la sociedad.

A lo largo de mi vida no he sido usuario de esos “ servicios” pero he vivido de forma normal y por supuesto en ocasiones he podido observar ese mundo,  siempre con litúrgico respeto a esas niñas-mujeres,  y siempre al otro lado de la barra de un bar;  acompañado de amigos con los que compartir una bebida.  Empiezo reconociendo por tanto que aunque sea de pasada y desde lejos,  he visto ese mundo de relación,  o al menos aquél que se puede ver en público;  no me arrepiento en absoluto y todo aquél o aquella que me conoce sabe que soy un admirador de la mujer en todos sus aspectos y desde la “masai” desnuda hasta la más enjoyada burguesa me merecen respeto y admiración por su belleza, inteligencia e intuición;  además he defendido siempre públicamente que el género femenino es el dominante, aunque aparentemente no lo parezca,  por motivos tan elementales como son la capacidad de engendrar hijos,  de crear y defender la familia,  el hogar y el nido;  y algunos otros que por pudor no mencionaré.

Por todo ello creo que no se me puede tachar de machista,  tal vez al contrario;  y siempre mantendré en lo que me quede de vida, mi veneración por el género femenino.

Pero no estoy en absoluto de acuerdo que los clientes de las prostitutas deban necesariamente ser “gente que no quieren molestarse en conquistar a una mujer,  que desean sentirse machos dominantes,  juerguistas e indecentes,  usando cuerpos maltrechos”.

Me parece simplemente trivial y superficial una afirmación como esa.  Efectivamente,  un sector de usuarios pueden responder a esas condiciones pues energúmenos así los hay en todas partes del mundo y en todas las actividades,  desde wall street hasta los estadios de futbol;  pero deberían tenerse en cuenta problemáticas mucho más profundas,  humanas y lamentablemente mucho más numerosas que las mencionadas.  Cuánta soledad se esconde detrás de miles y miles de hombres cuya única alternativa,  aunque sea tan solo para hablar,  consiste en pagar por ello.  Analicemos los complejos por defectos físicos,  malformaciones,  timidez,  vergüenzas,  frustraciones,  y no sé cuantas cosas más.;  que atacan y poseen al género masculino,  impidiendo la normal comunicación con la mujer en una fluida relación de amistad o pareja.  Quizás entonces empecemos a reflexionar sobre el problema desde otra perspectiva o punto de vista y tal vez ofrezcamos al menos una cierta comprensión a un fenómeno que representa la profesión más antigua como dicen los antropólogos y sociólogos,  aunque de eso yo no entienda nada.

Todos y todas sabemos de la soledad que rodea a tanta gente que conocemos,  próxima o lejana.  Vivimos en bloques de viviendas en donde sabemos cuanta gente vive sola,  sin nadie con quién compartir las cosas o el simple diálogo,  y muchas de esas personas son hombres,  y no necesariamente ancianos nonagenarios. También sabemos que gente acomplejada,  tímida y vergonzosa,  que tienen idénticas necesidades que los demás;  buscan estímulos humanos,  más terapéuticos que otra cosa.

Quién no conoce las enormes dificultades de relaciones de pareja,  sin con ello pretender aludir a la inhibición femenina por rutina, desafección o edad,  pues también el hombre tiene en ello un alta dosis de responsabilidad;  que también provoca la búsqueda de soluciones o alternativas para encontrar fuera aquello que no son capaces o no pueden tener en casa.  La convivencia rutinaria por desafección u otros motivos en la relación de pareja, provoca una frustración que debe resolverse con soluciones alternativas.  Y en ese punto quisiera hoy pasar de puntillas por el mundo virtual de Internet con una ilimitada y gratuita oferta de liberaciones solitarias.

Creo pues que la realidad social es bien distinta de la simple juerga con final más o menos feliz en algunos casos o del macho-man dominador de infelices.  A ese lado de la barra o de la cama hay mucha más soledad,  frustración e infelicidad de lo que podemos imaginar y el  porcentaje del conjunto de usuarios de todo tipo de servicios puede ser simplemente abrumador con relación al sector de la juerga.  Otra cuestión es que al otro lado de la barra o de la cama encontremos a personas humanas explotadas,  engañadas y humilladas,  con un trabajo que poca gente es capaz de ejercer y para el cual,  considero se debe ser excepcionalmente fuerte anímicamente.  Y por supuesto que las mafias,  los chulos proxenetas y todo el conjunto de organizaciones que tratan con el género femenino vulnerable como un artículo de usar, explotar y tirar;  deberían ser el blanco de las iras de la sociedad y objetivo prioritario de policías y poder judicial.  Ahí es a mi entender  donde hay que actuar con contundencia y no contra un sector de personas que por infinitos motivos se hallan instalados en la desgracia de la soledad, la frustración o desafección.

Por ello mi admirada  Ángeles Caso,  he sentido la necesidad de replicar tu artículo de opinión porque,  con todo respeto,  creo que no aborda objetivamente un problema que realmente existe y debiera regularse correctamente.  Y por supuesto que seguiré leyendo tus opiniones que siempre me han parecido oportunas y acertadas.

Recibe un saludo muy cordial.

Mariano Gomá.

Arquitecto y escritor.     mgoma@lleida.com