BYE     LONDRES. 2012 .

 

Acabaron.  Se acabaron los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y,  como todos los demás han sido los mejores de la historia y también como todos,  pertenecen ya al pasado y a todo aquello bueno que ha hecho el ser humano que merezca ser recordado.  Ahora Londres se recupera y hará balance,  atletas, banderas, himnos y medallas del corazón vuelven a sus puntos de partida para ya empezar a fijar la posición de Rio de Janeiro en 2016.

Hay que reconocer que el pueblo británico cuando se pone a hacer las cosas las hace bien,  con independencia de que a veces parecen creerse ungidos por la mano de Dios.  Las ceremonias fueron brillantes,  la organización perfecta y,  escoceses, galeses, ingleses y todas las culturas y nacionalidades que allí cohabitan,  dieron un ejemplo de lo que debe ser la unidad de un pueblo.  La verdad es que quisiera decir lo mismo de lo que me rodea aquí.

Pero ésta reflexión va más allá de la loa al movimiento olímpico pues en realidad esconde una feroz crítica a lo que la marca  España,  o qué más da, ha ofrecido.

Vivimos, morimos y nos salva de nuestras miserias el futbol;  y vaya ridículo que hemos hecho volviendo con los rabiosos rabos entre las piernas y por la puerta de servicio en charter y nocturno.  Nuestro escaso y lamentable medallero se lo debemos a gente sencilla,  trabajadora,  anónima,  constante y tenaz;  gente humilde y sacrificada  pero enormemente maravillosa.  Tae-kwon-do,  vela,  waterpolo,  remo,  natación sincronizada, etc.  son los deportes  que nos han llevado al podio.  Mireia Belmonte era una perfecta desconocida,  preciosa y tenaz deportista de Badalona  que con su limpia y joven sonrisa,  ha puesto en pié al país….. Mireia!.  Mireia!.  Aplausos,  loores,  el nombre de un polideportivo,  hija adoptiva de Badalona y …… bla bla bla.  ¿  Saben ustedes que sus padres no pudieron estar con ella porque no pudieron pagarse el billete y la estancia en Londres?.

Me gustaría saber cuántos delegados,  consejeros,  asesores , federeros  y demás hierbas de nuestro parchís institucional,  viajaron a Londres a la sopa boba de Picadilly Circus y los jardines de Westminster a cargo de las arcas públicas,  pero los padres de Mireia y tantos otros tuvieron que llorar de alegría delante de la  televisión.  ¿Cuántos padres de medallistas españoles vertieron sus lágrimas de alegría y lanzaron al vuelo sus besos desde Galicia,  País Vasco , Cataluña o Andalucía por no haber podido viajar al abrazo en directo,  mientras que oportunistas transeúntes aplaudían  “in situ”?.  Unos amigos míos,  pudientes y padres de una atleta,  no hubieran podido ver a su hija en una correcta entrada en tribuna,  si no hubiera sido por un favor de última hora de la entrenadora.

Y así somos.  Y así vamos.

Ahora seguiremos enterrando en dinero a futbolistas y entrenadores;  y los políticos colgándose las medallas que nunca han ganado y,  mientras,  nuestros palistas,  luchadores,  nadadores,  ángeles del viento y sirenas de agua,  seguirán  trabajando horas y horas cada día para ser mejores,  para conseguir la felicidad de éxito,  para reír y llorar oyendo el himno y la bandera desde el podio,  para ofrecer esa felicidad a su familia, amigos, entrenadores y,  a todos nosotros.

Quisiera en éste artículo  rendir un homenaje al deporte,  a nuestros chicos y chicas que no ganan fortunas,  que poca gente les conoce,  que no llenan el día a día de los medios de comunicación,  a los que nadie pide autógrafos cuando entrenan o viajan,  a los que sus padres no pueden acompañar por el costo de un viaje,  y que sin embargo nos han brindado con su anónimo esfuerzo,  todo el orgullo del medallero de un país  que pretende,  no se sabe bien qué,  ni cómo conseguirlo,  ni bajo qué bandera.

Ona,  Andrea,  Saúl,  Cal,  Mireia y tantos y tantas más;  gracias por haber puesto con vuestro esfuerzo el nivel de orgullo que necesitamos,  a pesar de que da una triste sensación de que nos empeñamos en destruirlo….. ahora, eso sí,  escondiendo la mano.

En cualquier caso gracias porque me habéis llenado de un orgullo que hoy necesito.

 

Mariano Gomá.