Hace un tiempo escribí un artículo-carta a la periodista y escritora Ángeles Caso  por una opinión publicada en el suplemento de La Vanguardia que me pareció desafortunado y desproporcionado,  pero como tengo una gran consideración por su trabajo,  he seguido leyendo sus artículos y me encuentro entre sus admiradores;  y no me he equivocado pues acabo de leer un último que firma,  que me parece valiente,  brillante y con el que estoy totalmente de acuerdo.  Si le llegó el primero,  quisiera confiar en que le llegue también éste.

Efectivamente el mundo de la cultura y el arte en general,  no sé si por la tan cacareada pérdida de valores o por frivolidades y modismos efímeros,  ha caído en las fauces de la más absoluta mediocridad siendo engullida por bárbaros mediocres y advenedizos trepadores que después de su digestión producen auténticas barbaridades.  En las ferias de arte de mayor proyección, sin citar nombres, se nos ofrecen auténticos bodrios y obras estrafalarias que,  como si de una broma de mal gusto se tratara,  alimentan la mayor gloria de quienes se denominan artistas,  que posiblemente jamás en su vida hayan dibujado,  pintado o esculpido;  pero presentan sus engendros como el arte de vanguardia.

Que en el mundo de la literatura arrasen en ventas mercachifles de la telebasura y paladines de la ordinariez y el mal gusto,  o biografías de futbolistas veinteañeros,  cuando no expolíticos de alto rango;  sabiendo la gente que todos ellos han utilizado el recurso del escribidor profesional;  me parece otra barbaridad de nuevo a mayor gloria de las diferentes categorías de bárbaros.  Y entre tanto,  poetas,  ensayistas y valores auténticos de las letras luchan por sobrevivir en el entramado de las editoriales,  distribuidoras y librerías que,  lógicamente defienden su negocio.  Quizás acabemos comprando los libros y best-sellers en quioscos de prensa,  tiendas de chucherías o chinos de todo a cien.

He manifestado en algunas ocasiones que el caos del sistema formativo y educacional de nuestro país, es quizás el responsable de una incultura reconocida internacionalmente y la ignorancia de tanta gente un auténtico peligro pues en ese medio el ignorante aventajado que escupe una paletada en una superficie, está creando para los demás una obra de arte,  o quién presenta en televisión una estupidez más original o una astracanada más gorda consigue convertirse en un maestro de los medios y un fenómeno de masas en la audiencia.

Si la formación básica y media no se basa en el pensamiento y la cultura del razonamiento para ser capaces de transmitir opiniones,  dialogar, manifestarse oralmente o por escrito;  se nos acaba enquistando lo fácil,  la ordinariez y la frivolidad,  haciéndonos incapaces de disfrutar de la calidad de lo bueno y por consiguiente alimentando que la mediocridad se instale en todas las capas sociales y también consecuentemente que los resultados de la actividad y producción de la cultura sea en su gran mayoría mediocre.

Quiere Ángeles Caso vivir en un país que respete el pensamiento y el arte y no en éste batiburrillo de superficialidad y ordinariez mental,  lamentando que tal vez tenga que exiliarse porque aquí ya han llegado los bárbaros.  Entiendo que se lamente pero no lo dice en serio pues ella,  como tantos otros y otras que defendemos el pensamiento,  la educación y la cultura contra viento y marea;  desde aquí ,  seguiremos manteniendo a salvo lo que quede en el bastión de todo aquello que enriquece y no tan solo distrae,  peleando por el sano alimento cultural y no la comida basura,  visitando librerías para entretenernos en los buenos expositores,  aplaudiendo la calidad y tratando de apoyar iniciativas o supervivencias para poder seguir escribiendo capítulos de la antigua y riquísima historia de nuestra cultura,  sin que tengamos finalmente que cerrar el último y definitivo  tomo para iniciar la colección de las historias de la frivolidad y el mal gusto.

Por todo ello creo que Ángeles Caso se acaba comprometiendo a defender la cultura y el pensamiento de nuestro país en el presente y en el futuro junto a,  quienes como yo y otras muchas personas, queremos dejar constancia de nuestro idéntico compromiso. Y tal vez en ese escenario encontremos el camino para ser mejores y, sobre todo para que los que deben recoger el testigo, lo alcen con orgullo e inicien su propia andadura.