¡ALGO HABREMOS HECHO MAL!

Andamos ya a las puertas de una nueva contienda electoral que va a decidir el destino político y de gobierno de todos los municipios españoles, un buen número de comunidades autónomas y las cada vez más trascendentales elecciones europeas en las que España se juega el peso específico que un país como el nuestro merece.

Y de nuevo nos torturan las encuestas y los sondeos alimentando los morbos y los miedos para alterar estrategias políticas que sólo servirán para desdibujar y falsear la auténtica y verdadera voluntad popular por aquello del voto útil o del si tú no vas, ellos vuelven.

Con todo, los vaticinios son inquietantes en el conjunto de España pero son a su vez pavorosos en Cataluña y otras comunidades secuestradas por el infame nacionalismo. Por supuesto, no cuestiono la reciente victoria sin paliativos del partido socialista, que no tanto de Sánchez, puesto que lícita y democráticamente conquistó el Gobierno en una moción de censura y ha recibido ahora el refrendo electoral para seguir gobernando los próximos cuatro años.

Los españoles hemos hablado y firmado un encargo de gobierno socialista que podrá hacer lo que oportuno considere en pactos con otras formaciones o confianzas para la permisión de un gobierno solitario en minoría, siendo verdaderamente lamentable que las actitudes, altivez, ataques o insultos personalistas puedan quizás impedir ahora a los líderes altaneros, alcanzar acuerdos de futuro y consensos de Estado que nos permitan una prosperidad que está a años luz de las doctrinas comunistas, populistas o nacionalistas, cuando no en el agujero negro del separatismo xenófobo y excluyente rebosante de supremacismo.

Pero a tenor de los pasados resultados y de las encuestas para los próximos días cabe preguntarse, ¿Qué hemos hecho mal? para los vaticinios que nos ofrecen. A saber:

Los extremismos antisistema, intolerantes y agresivos sin más experiencia que la vagancia del movimiento ocupa ni de mayor ideología que el libertinaje y la violencia callejera del destrozo y el fuego para que paguen y apaguen los demás, surgen por algún motivo y salen de algún sitio. Mucho me temo que son producto de un más que deficiente, sino desastroso, sistema educativo en el ámbito formativo escolar y universitario, unido, supongo, a un desmoronamiento del sistema de valores en el núcleo familiar quizás producto del desinterés, la frustración, el egoísmo y la información basura que invade los hogares por ondas y canales visuales.

Ya en Cataluña y aquellas comunidades infectadas de nacionalismos excluyentes, el horizonte es desolador en donde se vislumbra un drama social, económico y de convivencia que debería disparar todas las alarmas.  No puedo entender que siendo público y notorio que la Barcelona de la Sra. Colau y sus compañías ha devenido una ciudad decadente, moribunda en lo cultural, inhabitable en seguridad ciudadana, caótica y anticuada en materia urbanística y miserable en temas básicos de lo social, las encuestan predigan un empate técnico entre la susodicha señora y el anciano hermano de quien sí fue un digno Maragall, y que anda pregonando una independencia de Cataluña que no verá.

Realmente no puedo entender que la mitad de los ciudadanos con los que convivo, me cruzo o espero el tren o el autobús, según las encuestas, van a votar esas destructivas y nocivas opciones de futuro de la ciudad.

Tampoco cabe en mi cabeza que haya un solo catalán que vote opciones de quienes hacen de la violencia su vida y acciones, apaleando a la gente, quemando contenedores, banderas o figuras relevantes, cortando autopistas y colapsando el normal funcionamiento de una ciudad o un territorio, cuando no amenazando, insultando y ciscándose en las leyes, el Estado de Derecho, la convivencia, la democracia, la Constitución, la Monarquía y el respeto y dignidad personales de la ciudadanía.

Quisiera poder entender si el origen es de nuevo la formación y educación de los jóvenes, la exaltación de la incultura y la vagancia frente al trabajo y el esfuerzo, el buenismo y la tolerancia de todos los gobiernos centrales, autonómicos y municipales o, quizás oscuros motivos para la desestabilización de los territorios, del país entero y por contagio del bloque europeo en el contexto mundial.

Por ello, de nuevo debo pensar que gente de mi entorno próximo y no tanto, van a votar eso. Y entonces no encuentro dónde esconderme y ocultarme frente a personajes y personajas que ocupan sillas, sillones y poder en todas nuestras instituciones.

No quisiera dejar de mencionar la degradación sufrida en la Cámara de Comercio de Barcelona, sede teórica del empresariado catalán y alto motor de la economía, donde ha goleado una opción independentista declarada para regir sus destinos en influencia empresarial y política económica. Tal vez a partir de ahora al servicio del golpismo y la ruptura con el sistema económico español y europeo. Y, necesariamente, debo preguntarme dónde está escondido el modélico empresariado familiar y las grandes fortunas catalanas. Quizás de vacaciones o encerradas en el armario de los cobardes. O en Madrid.

Por todo ello y mucho más deberíamos repetir el idiota lamento de siempre. ¡Es lo que hay! o ¡Así nos va! Pero la sociedad civil de este país no debería resignarse, pues, al fin y al cabo es la que ha conseguido la más larga y mejor época de prosperidad de nuestra historia, y no debería permitir que esa infección de incultura, vandalismo y sectarismo destruya todo aquello que tan arduamente hemos perseguido y con tanto esfuerzo hemos conseguido.

España ha encomendado al partido socialista pilotar la nave en los próximos años y deberíamos desear que tome el rumbo correcto sin lastres ni palos en las ruedas, pero sobre todo sin extorsiones de nefastos propósitos pues es su responsabilidad democrática, como democráticamente el pueblo español va a respetar sus acciones. Pero hay urgentemente que hacer un análisis y proponer soluciones al sistema educativo, a la convivencia, a la cultura, a la solidaridad y a la defensa a ultranza de la unidad de España, así como a la unión entre españoles en toda su diversidad.

Nuestro país tiene la responsabilidad, que es de todos los españoles, de alimentar la llama de un protagonismo capital en la historia y la cultura del planeta que debería llenarnos los pulmones de oxígeno, satisfacción y vida. Parece, sin embargo, que nos dejamos amenazar por un proceso destructivo protagonizado por la indocumentación, la extorsión y la violencia que pretenden destruir España y con ello herir de muerte a Europa, la Historia y la cultura del mundo, o al menos aquel patrimonio humano que nos ha permitido a pesar de todo llegar hasta hoy.

¿Qué habremos hecho mal?

 

Mariano Gomá

Fundador del Foro España