mariano_goma_otero_academia_debellas_artes_007Hallándome entonces muy lejos de Lleida, los instrumentos de la tecnología de las comunicaciones me permitieron leer el artículo de opinión de mi buen amigo Paco Cerdá en relación a lo que podríamos llamar “ els homenots de Lleida”, incluyendo varias alabanzas a mi persona y citas textuales que en su día manifesté y que por supuesto no merezco en absoluto.

Es cierto que en un buen número de artículos de opinión que he firmado y publicado en los medios, he hecho alusión a muchas personas que en épocas muy difíciles y oscuras pusieron los cimientos sobre los que hoy se asienta la cultura, la calidad profesional y en resumen el tejido que abriga y protege la esencia de nuestra ciudad moderna. La guerra civil dejó en todo el país y en Lleida de forma particular, no solo la desolación y la destrucción de la entonces escasa estructura social y cultural; sino que también y todavía peor, tocó de muerte las conciencias y anhelos de una población que hasta ese momento había mantenido una tibia llama a favor de la cultura. Heredó entonces, acabada la guerra, el testigo una generación de jóvenes recién titulados o estudiantes que con toda su energía se arremangaron para trabajar sin límite en la restitución o creación de los foros culturales y sociales necesarios para sacar adelante el país y la ciudad.

Es cierto que aquella generación en la que todos eran amigos, por efecto de la cruel guerra cayó la división, como divide una espada; exiliándose unos fuera de nuestras fronteras, permaneciendo otros en una resistencia silenciosa interior y acogiéndose otros tantos a una estructura del nuevo régimen establecido. No es ahora el momento de analizar dónde quedó cada cual pués también siempre he defendido que éste país no vivirá en paz interior en tanto no haya su pueblo sido capaz de superar el desastre de la guerra, hace casi ya ochenta años.
Como heredero de una persona que junto a otros se convirtió en un agitador cultural, restañando heridas y cosiendo y zurciendo los harapos que quedaban de unas destrozadas ilusiones, es mi obligación proclamar que gracias a ellos existe el IEI, Circulo de Bellas Artes, Asociación de Música de Lleida, Caliu Ilerdenc, Armats de La Sang; entidades como Tenis, Huracanes, Sicoris; o Colegios Profesionales; así como un largo etcétera de organizaciones que han ido devolviendo a nuestra ciudad su carácter y orgullo social.

Como bien dice Paco Cerdá sería difícil nombrar uno por uno a cada uno y una de esas personas “homenots” y aunque me gustaría mucho no me atrevo a enumerarlos pues seguro que olvidaría injustamente a muchos; pero dejo a criterio de quienes lean éste artículo el tener un recuerdo y presencia de sus conocidos o amigos que lo fueron y hoy casi ninguno queda entre nosotros. Creo también que a pesar de algunas distinciones que algunos han merecido, aunque fuera a título póstumo, la ciudad ha tratado injustamente a esa generación y me explicaré: Lleida por una parte necesitaba destinar toda su energía a su reconstrucción física y posiblemente olvidó o marginó su saneamiento moral, social y cultural; y en segundo lugar, en la recuperación de la democracia en los años posteriores a la muerte de Franco, aparecieron por arte de birlibirloque los nuevos “pseudocultos” o “pseudointelectuales” que como elefantes en una cacharrería entraron con sus grandes zapatos en las instituciones y organizaciones tan penosa y duramente recuperadas; y al grito de fuera los fachas y franquistas; insultaron, ofendieron y después marginaron a todas aquellas personas que habían hecho posible que hubiera algo que recuperar o asaltar.

Y eso me parece tal vez el mayor acto de injusticia que hemos cometido con esa generación de post-guerra, sin que todavía las actuales instituciones y administraciones públicas, locales, autonómicas o estatales; hayan tenido la valentía y la voluntad de rendir un homenaje a todas aquellas personas del mundo cultural, social o profesional, que hicieron posible que hoy la ciudad esté donde está.

Pero hay más y no quiero dejar de mencionarlo en éste artículo. A día de hoy, hay una segunda generación que tomó el testigo de la primera, que en materia de urbanismo, arquitectura, pintura, música, letras , bellas artes y cultura en general; han conseguido consolidar ese edificio que cimentaron los mayores y hoy tengamos una ciudad organizada, moderna, activa, orgullosa y que respira un futuro social y cultural esperanzador, sin olvidarme de personajes que desde su responsabilidad política, han facilitado y aplicado los mecanismos para esas, hoy realidades. Y quiero resaltar con letras mayúsculas que esas personas de la segunda generación tienen ya una edad que a poco que nos descuidemos, tampoco recibirán en vida el reconocimiento que merecen y una vez más la ciudad e instituciones tendrán que mencionarlos en el recuerdo, de nuevo de quién ya se fue.
No aspiro a que éste artículo remueva demasiado las conciencias de quienes hoy ostentan la responsabilidad, iniciativas y protagonismo en materia de reconocimientos pues bastante se hallan inmersos en la lucha por el partidismo el poder y el voto; pero si tan solo simplemente consigo que se piense un poco en ello, habré contribuido modestamente a que suene una alarma en las sensibilidades y me daré por bastante satisfecho.