A PROPOSITO DE LOS CONGRESOS DE ARQUITECTOS.

 

I.- EL CONGRESO DE ESPAÑA.

 

Barcelona se convirtió la semana pasada, como marco de su tan reciente como magnífica regeneración, en la sede capital del Congreso de los Arquitectos Españoles primero y, venidos de los más lejanos rincones del planeta, después.

En una serie de jornadas de implicación entre ciudadanos y arquitectura y entre ciudad y arquitectos; se ha puesto una vez más en tela de juicio el presente y futuro de un colectivo profesional, siempre polémico, indudablemente puntero e indiscutiblemente protagonista en la génesis y materialización de aquellos espacios donde vive la gente. Ciudad, barrio, plaza o calle, vivienda, comercio, ocio  y paseo. En definitiva, urbanismo y arquitectura.

La poco acertada y mal interpretada frase de la recientemente galardonada con el Premio Nacional de Arquitectura 1995. Carme Pinós, de que la Arquitectura con mayusculas, no pertenece a los arquitectos, debe entenderse que remite a la sociedad su titularidad patrimonial exclusiva, siendo los arquitectos los profesionales encargados de materializar el concepto.

A diferencia de otras profesiones, la obra y contribución del arquitecto en su ejercicio, queda plasmada públicamente, no hay retorno y siempre, el producto sobrevive a su autor. El arquitecto somete su labor constantemente a la opinión pública, a la crítica y a la afición por la polémica. Es como la cruz, el paredón, el disparadero o el destinatario palillo de los perdigones de feria. En definitiva, la diana de los dardos de una sociedad que disfruta, o padece, la ciudad y sus edificios.

Profesión de elevado contenido vocacional, comunmente envidiada y tristemente malentendida, sufre en la actualidad, como todas, la masificación, la crisis económica y la consiguiente competencia e insolidaridad.

La imperdonable ausencia de una Ley de Garantias de la Edificación que venga a regular la intervención, competencias y responsabilidades del sector y de sus agentes, condena siempre al arquitecto a cargar con las consecuencias jurídicas y económicas de la siniestralidad en el mundo de la construcción, o lo que es igual…….. el que tiene seguro y cobertura que responda a una petición de indemnización  y/o reparaciones, que es al fin y al cabo lo que interesa, es, sin duda alguna, el culpable de todo.   A por él.

Pese a todo, el debate cultural está servido. La mejora de la calidad de vida está en juego y representa el objetivo a alcanzar. Planificación, construcción, estética, circulación, transporte y sobre todo, protección medioambiental, son los platos fuertes de un foro de debate, al que se suman los poderes públicos y la masa social.

No obstante los discursos protocolarios y declaraciones empíricas, existe una gran inquietud por las recientemente anunciadas, medidas reguladoras sobre la colegiación única y tarifas de honorarios que, aún aceptando su conveniencia por estricta actualización de sistemas, falsean la realidad justificando un abaratamiento de los precios del mercado de la vivienda.

En primer lugar, no es precisamente el costo del arquitecto, el factor que encarece la construcción, más bien al contrario, es el más barato de toda Europa y además se demuestra que, hoy día es verdaderamente dificil la supervivencia de los despachos de arquitectura, con una razonable rentabilidad, si se pretende ofrecer un servicio de calidad con un buen proyecto, técnicamente bien resuelto y, una posterior, adecuada y constante presencia del arquitecto en la dirección de obra.

La temeridad de un mercado a la baja, radica en la inmediata reducción de la calidad del servicio, por consiguiente del producto y finalmente de la arquitectura. El efecto será retardado, pués cuando se caiga en la cuenta del error, será al sufrir los resultados, pero, el daño será irreversible.

Los arquitectos no sabemos amenazar y siempre hemos aceptado las adaptaciones, naturales o impuestas, de nuestro ejercicio profesional a una sociedad a la que nos debemos, pero sí, estamos obligados a advertir que una aparente liberalización, representará sin duda un paso atrás para una colectividad que pretende precisamente todo lo contrario como es, adaptarse a un nivel de calidad de vida europeo. Establecer una competencia desaforada entre los propios profesionales del sector de forma gratuita, tan solo conducirá a un generalizado descontento de la respuesta  de los arquitectos en su servicio.

El Congreso de los arquitectos españoles, concluyó contundentemente en una voluntad de mejora de nuestra preparación y respuesta, pero para ello necesitamos una consideración de los poderes publicos que, sin favoritismo alguno, nos haga eficaces instrumentos para la mejora de la calidad de vida.

 

Mariano Gomá Otero.

 

 

II. EL CONGRESO DE LA UNION INTERNACIONAL DE ARQUITECTOS.

FESTIVAL O CONGRESO.

 

Cualquier reunión internacional de arquitectos no habría merecido tanto tratamiento periodistico, televisivo, criticas de opinión etc. sino fuera porque una lamentable imprevisión, provocó la protesta pública callejera de centenares de congresistas que no podían acceder a los foros de debate por la excasa capacidad de los locales.

No pretendo defender al Comité organizador, pero sí merecen ser excusados, cuando menos, haciendo uso de la frase: “Las excusas son para ser aceptadas, no para ser entendidas”. Y es que, nunca en la historia de los Congresos de Arquitectos se dió el caso de una afluencia tan masiva a las sesiones, ni, nunca acudieron tantos estudiantes. Pese al beneficio de la inscripción anticipada, la gente acudió los tres ultimos días, aún habiendo viajado desde américa latina y, lógicamente tal cantidad de espontáneos sobrepasó las previsiones más optimistas.

Mucho tuvo que ver además el atractivo internacional de Barcelona en materia de arquitectura y la magnífica proyección propagandistica de la ciudad; y la prueba está en que, nada ocurrió en Chicago en 1993 y menos en Montreal en 1990, o Mexico o Brighton….. y nada seguramente ocurrirá en Pekin en 1999.

Lo verdaderamente inquietante desde mi punto de vista ,como arquitecto, es el nuevo talante que adquirió el Congreso de Barcelona. Hasta ahora las sesiones de trabajo y las intervenciones magistrales de los más prestigiosos representantes  de la arquitectura mundial, habian tenido siempre una componente ritual respetuosa, de fuerte contenido académico, intima austeridad y hasta una cierta liturgia….. Pues bien, en Barcelona se modificó el concepto. Los más prestigiosos fueron los ” Top-Ten”; Peter Eisenmann era un “Crack” (camiseta del Barça incluida); Norman Foster era el “Big-Boss”  presentando idilio con española famosa.

Autógrafos, Flashes,Aglomeraciones………….¡Torero-Torero!………. ¡Queremos un hijo tuyo!….. Total. Un divismo festivalero que condujo el debate arquitectónico, cultural, estético y medioambiental, hacia campos del más puro folklore estival.

La seriedad de Martorell, la elegancia de Moneo, la intelectualidad de Solá-Morales, el imborrable recuerdo de Alejandro de la Sota con la emoción de Pep Llinás incluida y, tantas referencias más, aún siendo reconocidas, quedaron eclipsadas por un montaje de orquesta, coros y efectos especiales de un auténtico estilo Cannes.

Top-models, vedettes, estrellas del espectáculo, a las que dedicaron su espacio las revistas del corazón y mentideros famosos; fueron los verdaderos protagonistas del Congreso, mientras magníficos e interesantes seminarios y debates paralelos, quedaron vacios de público, siendo precisamente en esos actos, donde se profundiza en el desarrollo y mejora profesional……. Qué más da…… ¡El Congreso se divierte!.

Es bueno que la ciudad disfrute de la arquitectura, que la sociedad repare en los elementos que la conforman, que los arquitectos hayamos invadido Barcelona llenando los hoteles y contagiando algo de nuestra manera de ser con despliegue de positiva polémica y medios de comunicación. De lo que ya no estoy tan seguro es de si los arquitectos sabemos ser Michael Jackson, Richard Gere, Madonna o Claudia Schiffer.

 

Mariano Gomá Otero.